La cara oculta del pirotécnico de Tui

Javier Romero Doniz
JAVIER ROMERO VIGO / LA VOZ

GALICIA

M.MORALEJO

La Guardia Civil señala al acusado de la explosión mortal por ofertar sus productos más baratos que la competencia gracias a una red empresarial «fuera de los cauces legales»

13 dic 2018 . Actualizado a las 14:09 h.

Francisco González Lameiro no tardó en ser increpado a su llegada a la cárcel de A Lama. Su fama le precedía y los muros del penal no son lo suficientemente altos para evitar que trascendiese su gran pecado: la explosión registrada, el 23 de mayo, en el almacén de pirotecnia clandestino que este veterano empresario del sector gestionaba en Paramos, Tui, y que dejó un matrimonio muerto, a sus dos hijos huérfanos, 37 heridos y casi 800 afectados. Pero la investigación para conocer el origen de la explosión ha dado mucho más de sí desde aquella tarde de primavera en la que una gran columna de humo, en forma de seta, vaticinaba la magnitud de la tragedia.

El trabajo de campo de los agentes, que incluye testimonios de otros empresarios pirotécnicos en Galicia conocedores de los bajos fondos del sector, permitió plasmar negro sobre blanco la situación irregular en la que al parecer se movía la empresa de González Lameiro. La Guardia Civil sitúa su empresa, fundada hace décadas por el padre del acusado, con capacidad «para cubrir una cantidad muy importante de eventos, todo ello consecuencia de la venta de un producto por debajo del precio de mercado [...]. Podía ofertar esos precios al realizar una parte de su producción fuera de los cauces legales».

Las conclusiones y testimonios recogidos sitúan a Lameiro contando con «algunas personas que pudieron elaborar productos de pirotecnia en su domicilio, actividad sumergida que evidentemente no produce un coste en pago de seguridad social ni impuestos, siendo fácil la venta habida cuenta lo habitual de la facturación en B de las comisiones de fiestas que suelen conseguir los fondos de donaciones de vecinos». La Guardia Civil añade que resulta necesario destacar, por si pudiera estar relacionado con el origen del material explosivo deflagrado en Paramos, que «en las comarcas de Baixo Miño y Paradanta se cuenta con un gran número de canteras dedicadas a la extracción de piedra, para la cual es necesaria la utilización de explosivo, teniendo la mayor parte de los mismos un polvorín con capacidad para 25 kilos».

Contrabando y dinamita

Los investigadores, manteniendo la lupa en las canteras del sur de Pontevedra, hacen constar en sus informes que, desde el 2004, y a consecuencia de los atentados del 11 de marzo, el consumo de explosivos en cantidades superiores a un kilogramo en las explotaciones mineras debe ser supervisado por un vigilante profesional: «Estas nuevas medidas de seguridad producen un elevado coste, no en material, sino en personal, por lo que es factible que parte del sector haya recurrido a la venta clandestina».

La Guardia Civil también sitúa, el mismo día de la explosión, un camión de la empresa Nitro Paris, de Castellón y especializada en la fabricación de productos químicos para la pirotecnia, la industria militar y la defensa, entregando 2.025 kilos de productos para hacer pirotecnia. Los investigadores añaden en sus informes que la explosión no dejó rastro alguno de esta mercancía, pero hacen constar que «en el momento de realizar las labores de descarga y depósito, así como los momentos posteriores, son los más peligrosos, dado que puede producirse polvo en suspensión que puede detonar con cualquier impulso eléctrico».

El entorno del acusado niega los hechos y ya presentó la documentación que pueda probar que dicha carga no se depositó en el almacén clandestino antes de su explosión. Lo mismo ocurre con otra remesa de idénticos productos que al parecer había enviado la empresa portuguesa Martins & Martins, próxima a Lisboa, poco antes de la deflagración mortal. En el entorno de Francisco González aseguran que el vendedor luso sí tenía la autorización, y que González Lameiro ya había solicitado el permiso correspondiente a las autoridades provinciales para recibir el pedido. «El problema fue la falta de coordinación, ya que el vendedor de Portugal emprendió el camino a Tui sin hablar con su cliente para saber si tenía todo en regla, ahí estuvo el problema», exponen. Dicho documento, que probaría que Lameiro sí solicitó autorización, ya fue entregado a los investigadores.

Combinado de inseguridad, chapuzas y calor extremo

El poder devastador de la explosión de Tui hace prácticamente imposible determinar el origen del bombazo. Los técnicos especialistas en desactivación de artefactos explosivos (tédax), por ahora, se agarran a cuatro posibles causas que acotan, pero no señalan, el origen concreto de la explosión. Lo que sí incluyen es un reguero de negligencias que, visto que ya no queda nada en la zona cero, sí se daban. Una que sigue sonando con fuerza defiende que la acumulación del polvo de explosivo sobre la instalación eléctrica de la nave hizo que todo saltase por los aires. 

REACCIÓN ESPONTÁNEA

Degradación. «Se ha podido producir una reacción explosiva que tuviera su origen en una degradación o reacción espontánea de alguna de las sustancias que se hallaban en el interior de la nave siniestrada, dándose además la concurrencia de altas temperaturas en el momento de la explosión».

INICIACIÓN ELÉCTRICA

Sin medidas de seguridad. «Tampoco es descartable la posibilidad, debido a la ausencia de medidas de seguridad y acondicionamiento citadas con anterioridad, la iniciación por alguna descarga eléctrica, corrientes erráticas o galvánicas debido a la sensibilidad de los productos pirotécnicos a estos fenómenos».

POR PRECIPITACIÓN

Alta sensibilidad. «Debido a la sensibilidad de ciertos productos de naturaleza pirotécnica a efectos del impacto y/o choque, tampoco es descartable que la iniciación pudiera haber sido producida al precipitarse o desprenderse parte del material que pudiera estar apilado o almacenado de manera deficiente».

FACTOR HUMANO

Sin desaparecidos. «Al no haberse localizado restos de ninguna víctima con lesiones compatibles con el hecho de encontrarse muy próxima o en contacto directo con el foco de la explosión, y no tener constancia de algún desaparecido que pudiera estar relacionado con los hechos, parece improbable que persona alguna pudiera haber propiciado o favorecido voluntaria o involuntariamente la explosión en el instante en que se produjo. Pese a no ser descartable, hasta el momento, por parte de los especialistas que suscriben, no se ha tenido conocimiento de la presencia de personas sospechosas por la zona en los instantes previos con intencionalidad de causar la explosión».