Más pintadas y mucho más dañinas

Los expertos alertan de la dificultad de borrar los espráis de bazares chinos por sus componentes


vigo / la voz

La lucha contra las pintadas y los grafitis se están encontrando con un nuevo elemento que hace mucho más difícil la prevención, eliminación y tratamiento de los grafitis. Empresas especializadas en limpieza industrial y de fachadas y expertos en restauración artística constatan un incremento en los perjuicios causados en Galicia por las pintadas realizadas con los espráis de pintura que venden la mayoría de los bazares chinos.

Mezclas de productos químicos desconocidos, pinturas de composición infrecuente y una variación constante de los componentes de dichos aerosoles de baja calidad y precio están haciendo que sea más difícil la eliminación del rastro de las pintadas, mientras proliferan en número. «Hay algunas que nosotros ya no tratamos a causa de su complicación, porque no se sabe qué composición tienen las pinturas utilizadas por los espráis que venden en los chinos ni cómo atajarlas aún», señala José Antonio Rodríguez, gerente de la empresa de limpieza industrial Symatec, de Lalín. Añade que hasta hace poco todas las pintadas tenían remedio, «pero ya hay fabricantes que han dejado también de producir los tratamientos contra las pintadas porque se desconocen sus componentes», señala al tiempo que incide que el borrado se encarecerá y que sectores como el granitero «están muy preocupados y centrados en tratar de dar con una solución a los grafitis con ese tipo de pinturas».

Paulo González Díaz, maestro canteiro en Poio, certifica el desconcierto que las pinturas procedentes de China están generando entre canteros y restauradores. «Penetran mucho más y cuesta más quitarla de la piedra utilizada mayoritariamente en Galicia, que suelen estar labrada y tiene el poro abierto». Señala que el tipo de pinturas que más emplean quienes pintan firmas, palabras de identificación o simples garabatos suelen ser de bazares de bajo coste, y que incluso pueden llegar a introducirse un centímetro en el interior de la piedra. «Si quedan restos en el interior, producirán sales que acabarán afectando a la piedra», dice para advertir que por eso la eliminación suele necesitar de una intervención de mayor dimensión para borrar los restos químicos cuando se trata de grafitis sobre piedra.

«Cuanto mejor sea la pintura más fácil será eliminarla», asegura González Díaz, que apunta: «Nos costó la vida quitar una pintada del Laberinto de Morris en la isla de las Esculturas, de Pontevedra, por estar precisamente realizada con pinturas de baja calidad», presumiblemente vendidas en bazares orientales.

Un problema cultural

«El tema de las pintadas es un problema cultural, como quien va por la calle y da una patada a una papelera o rompe espejos de los coches», concluye el experto en cantería, que aboga por canalizar hacia la creación de murales dicha actividad «para elevar su expresión cultural». Pero erradicarlo «será imposible».

A la tradición histórica de las pintadas se refiere Cristina Montojo, profesora de Escultura en la Escuela Superior de Conservación e Restauración de Bens Culturais de Galicia, en Pontevedra. Llega a otorgarles la consideración de «pintadas o grafitos históricos», como manifestación de ideas y denuncias, y en ellas incluye el arte callejero actual, con ejemplos como Banksy o Muelle. «No atacan o agreden a otro bien cultural catalogado como tal previamente», señala Montojo para diferenciarlas del «vandalismo» que suponen las pintadas que son agresiones por su significado, aspecto y ubicación. Respecto a su tratamiento, recomienda contrastar los métodos a emplear en las restauraciones, y como mensaje a la sociedad, la experta en escultura estima que la mejor manera de prevenir el efecto de las pintadas «no es otra que la formación y educación» en el respeto a nuestro patrimonio. «No solo de las escuelas, sino también en los entornos sociales y familiares, debemos ser conscientes, y así saber transmitirlo a las nuevas generaciones, de la importancia enorme que significa cuidar los legados culturales de los que todos, como sociedad, somos herederos y custodios», remata Cristina Montojo.

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