Las piscinas que ahora crían ranas

Las estructuras de lo que iban a ser unas instalaciones públicas en Pontevedra languidecen desde hace una década

Uno de los vasos de las que serían las piscinas públicas
Uno de los vasos de las que serían las piscinas públicas

Pontevedra / La voz

Esta historia arranca en el 2004. Un acuerdo a tres bandas -Concello de Pontevedra, Diputación y Xunta- resolvería de una tacada la necesaria reforma del estadio municipal de Pasarón y dotaría a la ciudad del Lérez de una instalación lúdico-deportiva en el barrio de A Parda. Esta incluiría las primeras piscinas públicas al aire libre de las que disfrutarían los pontevedreses tras décadas sin esta dotación.

Merced a aquel convenio, Concello y Diputación asumían la obra del campo de fútbol -que merece una historia aparte, pues se cerró con un sobrecoste que elevó el precio de 7,2 a más de 16 millones de euros-, mientras que la Xunta destinaría alrededor de tres millones a A Parda. Situado junto a la estación de Pontevedra, el complejo ocuparía un terreno de 34.000 metros cuadrados cedido por Renfe al Concello. El diseño preveía habilitar un «pulmón verde» en el que se integrarían, entre espacios ajardinados, tres piscinas, un módulo deportivo y pistas de fútbol, pádel, baloncesto y skate, entre otras instalaciones.

La Xunta sacó a licitación la obra y la adjudicó en el 2007 a la constructora Teconsa. En unos doce meses se construyeron las primeras estructuras de hormigón, pero la crisis económica se cruzó en el camino: la empresa presentó suspensión de pagos y en el 2008 los trabajos se paralizaron. Y ahí siguen, en agosto del 2018, esas estructuras inacabadas y llenas de zarzas, con los 34.000 metros cuadrados invadidos por la maleza, el vaso de una de las que iban a ser las piscinas reconvertido en improvisado criadero de ranas... Esa es la primera imagen que reciben de la ciudad los viajeros que llegan a Pontevedra en tren.

Pero no es el final de esta historia, ni muchísimo menos.

Desde que se paralizaron los trabajos, el Concello de Pontevedra trató en varias ocasiones de hacerse con las riendas del asunto una vez que la Xunta nunca llegó a mostrar un interés real por retomar las obras.

En el 2012, la junta de gobierno local revocó la cesión de los terrenos que se había hecho a la Administración autonómica. De esta manera, la parcela volvía a ser municipal y el Concello podía decidir el futuro del proyecto.

Vista general de la zona, prácticamente cubierta por la maleza
Vista general de la zona, prácticamente cubierta por la maleza

Aquel gobierno coaligado de BNG y PSOE tomó una decisión arriesgada: incluir la construcción del complejo de A Parda, y su futura gestión, en la misma concesión que la de las instalaciones deportivas municipales de Campolongo, que cuentan con piscina cubierta y un elevado número de usuarios. Este centro deportivo se había quedado obsoleto y necesitaba una reforma integral, y el concejal de Deportes por aquel entonces, el socialista Agustín Fernández, optó por incluir las dos obras en un mismo contrato, que obligaría a quien lo firmara a invertir más de seis millones de euros entre las dos instalaciones. A cambio, las gestionaría durante varias décadas.

La idea era que la adjudicataria acometiese la inversión en A Parda a cambio de la jugosa explotación del centro deportivo de Campolongo. Pero fue un fracaso, ya que al concurso no se presentó ni un solo aspirante. Las piscinas de Campolongo sí son atractivas para las empresas del sector, pero el marrón de A Parda no se lo quiso comer nadie.

El concurso fracasó en vísperas de las municipales del 2015 y en el actual mandato el BNG, que ahora gobierna en solitario, y que en su día había mirado sin demasiada ilusión la iniciativa de su antiguo socio de gobierno, decidió no solo retomar la idea de aprovechar los terrenos de A Parda, sino de convertirlo en uno de sus proyectos estrella.

Se contrató a un equipo de arquitectos para formular un nuevo diseño para la zona, en el que ya no tienen cabida las piscinas al aire libre, sino pistas y dos pabellones, uno polideportivo y otro específico para gimnasia, especialidad en la que los clubes de Pontevedra destacan pese a la precariedad de las instalaciones.

Hace año y medio se cifraba el proyecto en unos nueve millones de euros, y poco después se consiguió el compromiso de la Xunta y la Diputación para contribuir a su financiación. Y los arquitectos anunciaban que de lo ya ejecutado no se aprovecharía nada de nada. Se avecinaba, por tanto, la demolición de unas estructuras que habían costado exactamente 723.858 euros, tal y como figuraba en la liquidación satisfecha en su día por la Secretaría Xeral para o Deporte al administrador judicial de Teconsa.

El nuevo diseño es de marzo del 2017, pero desde entonces, nada de nada. Ni concurso de arquitectura para elaborar el proyecto, ni concreción de la financiación, ni avances en la idea... Ni siquiera se han demolido aquellas estructuras que a día de hoy siguen criando maleza y ranas.

Los datos

El pasado

Un proyecto inacabado. La obra que adjudicó la Xunta en el 2007 pretendía construir un complejo lúdico-deportivo con piscinas al aire libre, con un coste superior a los tres millones de euros. La quiebra de Teconsa dejó la obra a medias.

El presente 

Estructuras inservibles. El coste de lo ejecutado superó los 720.000 euros, pero si algún día se materializa el nuevo proyecto habría que demoler las estructuras abandonadas desde el 2008.

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