Un cumpleaños con poco que celebrar

El partido se fundó para conquistar la Xunta; no pudo ser, y dos años después, sus fundadores quieren refundarlo

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santiago / la voz

Dos meses separan las sonrisas de la asamblea fundacional de Vigo de las caras largas de la noche electoral de las autonómicas, cuando los fundadores de En Marea vieron roto el sueño de alcanzar el poder en la Xunta. Todavía no se habían despertado de la pesadilla y ya empezaron los problemas, personificados en la pérdida de confianza del mirlo blanco que ellos mismos buscaron en los tribunales: Luís Villares. Y dos años después, de aquella marea, esta resaca.

El magistrado en excedencia les salió respondón. No era el líder de paja que esperaban. Llegaron a lamentar haber echado mano de alguien procedente de la Justicia para encabezar el proyecto de «rebeldía» que figuraba en los estatutos fundacionales de En Marea. Pero en esos documentos figuraba también que En Marea era un partido de adscripción individual, donde las bases, y no las cúpulas de los partidos, tomaban las decisiones. Y las matemáticas fueron claras: las sucesivas votaciones corroboraron la división interna, pero siempre con un ligero margen a favor de Villares, que se apoyó para ello en los independientes, en Cerna y en los críticos de Anova. La ruptura definitiva se produjo el 2 de abril del 2017, cuando el magistrado en excedencia fue nombrado portavoz en contra de los líderes de los partidos fundacionales: Marea Atlántica, Compostela Aberta, Ferrol en Común y el sector oficial de Anova encabezado por Antón Sánchez. A Podemos y EU nunca se les vio por los plenarios de En Marea, pese a tener una docena de diputados que se hicieron con el acta bajo sus siglas.

Dos años después, la caja de Pandora la abrió la secretaria xeral de Podemos Galicia, Carmen Santos, cuando dijo que En Marea como proyecto había fracasado, una espita que abrió todavía más el secretario de Organización de EU, Rubén Pérez, quien lo tildó de «partido ornamental». Y la puntilla la puso hace un mes Martiño Noriega cuando, a través de Compostela Aberta, anunció la creación de una Mesa pola Confluencia con el fin de refundar e impulsar un retoño que ellos mismos habían parido pero que ya veían agonizar. No se sienten representados en el proyecto. La dirección de En Marea tampoco se ve representada en la Mesa pola Confluencia.

El pasado 31 de julio se constituyó la mesa y sus promotores se tomaron unos días. Pero los afines a Villares, no. Es más, la maniobra de los alcaldes logró incluso soliviantar a sectores hasta ahora discretos en las guerras internas. Es el caso del diputado Davide Rodríguez, de Anova, para quien «o proxecto está a ser tensado por cuestións alleas ás que foi creado. Fíxose para sumar forzas para poder derrotar á dereita e abrir paso á maioría social. Os partidos están a tensar o espazo para tratar de sacar vantaxe particular a costa do traballo colectivo. Dende a miña opinión, iso non é o que viñemos facer. Tratábase de deixar a un lado todo o partidario para darllo todo á cidadanía. Estanse a repetir debates que xa se deron».

La dirección de En Marea no considera todo perdido, ni mucho menos. Pese a la creación de la mesa de los críticos, pese a hundirse en las encuestas del CIS y pese a la división interna, la viceportavoz Victoria Esteban ve al partido como «unha organización de adscrición individual con moito futuro», y pone sus esperanzas en las municipales porque «estanse creando novas mareas en concellos nos que non existían e moitas das que había están a sumarse ao paraugas común». Gonzalo Rodríguez, también miembro de la coordinadora, cree que hay que darle tiempo al tiempo: «Non é o mesmo construír o edificio que habitalo. Habitar é un exercicio non só de planificación, senón de uso. Construír ese uso común supón un cambio sobre o modo de habitar os seus espazos que tiñan anteriormente os distintos compoñentes de En Marea». Y Mario López Rico, fundador de Cerna a quien los críticos consideran culpable de la mitad de sus males, es contundente: «Cada persoa inscrita, un voto; organización galega e soberana, respecto mutuo coas mareas locais, radicalidade democrática...». Esa es, recuerda, la fórmula aprobada en Vigo «e plenamente vixente hoxe». Asegura que es legítimo ponerle pegas, pero que quien lo haga «terá que explicalo ben e convencer democraticamente, participando». Cree que para la ciudadanía, «En Marea é a forza imprescindíbel para apartar ao PP corrupto do goberno da Xunta, niso andamos e esa é a nosa guía».

«Cumpre a súa función»

Y pese a haber sido ella quien desató la tormenta, Carmen Santos sigue creyendo que En Marea es útil: «Cumpre a súa función. Necesitabamos un vehículo común para presentarnos ás eleccións galegas e sumar forzas fronte ás políticas do PP e fronte á política neoliberal e de austeridade do señor Feijoo. Pois iso fixemos, e por iso somos o grupo político no Parlamento galego que lidera a oposición a ese goberno de Feijoo». Y coincide con la línea oficial del partido en que es necesario «sumar forzas» para las municipales.

Con la marea baja, el partido confía en recuperar la pleamar. De momento, lo que hay son marejadas y marejadillas.

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