El nuevo PSdeG se gusta a sí mismo

Gonzalo Caballero cumple seis meses en el cargo en paz con Vigo, pero sin avanzar en la cohesión del partido


santiago / la voz

Hoy se cumplen seis meses de la clausura del congreso que encumbró a Gonzalo Caballero al frente del PSdeG, al que acudió con el propósito de poner fin a la atrofia orgánica que arrastraba el partido desde la dimisión de Besteiro y, de paso, ayudar a impulsar una mayoría alternativa al PP. En este tiempo, el nuevo secretario general tuvo ocasión de mostrar su impronta, de pisar unos cuantos charcos y anotarse algún acierto. Él mismo remarcó ayer el cumplemeses con un paseo por su villa natal, Ponteareas, antes de realizar un balance entusiasta de esta etapa: «O PSdeG está fortalecido e renovado para ser o cambio», proclamó, aunque la realidad es testaruda y muestra un socialismo lastrado por los mismos, o más, problemas de cohesión de los últimos años que no está aprovechando en su favor el declive que están sufriendo En Marea y Podemos.

Uno de los aspectos más positivos del primer medio año de Gonzalo Caballero es la distensión que logró con el alcalde de Vigo, Abel Caballero, su tío y otrora adversario interno. Era un paso esencial. No se puede dirigir el PSdeG y hablar de sumar cuando la actualidad la marcan los constantes encontronazos con una de las principales alcaldías del partido en España.

La proliferación de contactos con los agentes sociales y la capacidad de entrega, pese a compatibilizar su labor política con la docencia universitaria, son otros elementos positivos en la balanza de Caballero júnior, que en este tiempo también dejó claro que no afrontará ninguna tarea que le pueda causar rasguños. Es como si el secretario general no fuera consciente de la responsabilidad que tiene sobre todo el partido para mediar, sumar y generar complicidades. En la crisis de la Diputación de Lugo aguardó tanto por la fruta madura que acabó pudriéndose y en el PSOE de Ferrol, en vez de arbitrar, vistió la camiseta del equipo local. 

Crisis de Lugo y Ferrol

En ningún momento promovió Gonzalo Caballero un encuentro a cara descubierta entre el presidente de la Diputación lucense, Darío Campos, el jefe provincial del partido, Álvaro Santos, y el que custodia la llave de las mayorías, Manuel Martínez, para buscar un arreglo que le aguara la fiesta al PP de Elena Candia. Así que lo que estaba mal pegado acabó rompiendo, y en las municipales del 2019 las consecuencias pueden ser devastadoras.

En Ferrol, lo mismo. En vez de convocar a las partes a la mesa para cohesionar, Caballero se retrató cenando con Sestayo en vísperas de dictar un veredicto contra el 49 % que apoyó a Ángel Mato. En el fondo, de lo que se trata es de achicarle espacio en la ciudad al presidente de la Diputación coruñesa, Valentín G. Formoso, el único al que Caballero percibe como potencial rival para competir por ser candidato a la Xunta, de ahí que a algunos acólitos de Caballero no les incordiaría nada que quedara fuera de juego perdiendo el sillón provincial en las municipales.

Entre los que siempre apoyaron a Caballero empiezan a surgir fricciones. Unos querían protagonismo y el receloso jefe no se lo da. Otros se desmoralizan con la debilidad de la dirección, y su grupo parlamentario, para marcar la agenda y hay compañeros de viaje de siempre, como Miguel Araújo, que llevaron al comité nacional una petición para que Caballero delegara tarea. Aunque quizás no sea ese el mejor modo de prosperar al lado del líder, cada vez más habituado a la adulación, el aplauso y la lisonja que le dedica quien tiene más kilometraje, Lola Villarino, su mano derecha, y a la que este PSdeG que tanto se gusta a sí mismo ha empezado a emular.

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