La implosión del segundo intento por unir el rupturismo

La crisis de En Marea reproduce aspectos de la de AGE y pone sobre el tapete el debate de su refundación


santiago / La voz

A Alternativa Galega de Esquerda (AGE), coalición creada por Beiras en el 2012 para aglutinar la izquierda rupturista, la mataron los personalismos y la actitud de quienes llegaron a la política «para sedimentar nela», célebre expresión usada por Juan Merlo al anunciar su dimisión como diputado de En Marea, quizás para aludir a los que aspiran a vivir a la sopa boba de una liberación política. Existe todavía un vestigio de AGE en Europa, el euroescaño de Lidia Senra, pero desde que cuestionó la seguridad de las vacunas, a sus aliados les dio por abjurar de ella.

La primera crisis de AGE vino por la negativa de una persona a dimitir, Carmen Iglesias, para cederle el acta a la siguiente de la lista de Ourense. Personalismos. El Parlamento tuvo que recuperar el grupo mixto para acomodarla y, a su vera, no tardaron en tomar asiento otras dos diputadas escindidas del grupo de Beiras: Chelo Martínez y Mónica Fernández, ambas de Cerna.

Al final, los miembros de AGE y el Mixto defendían y votaban lo mismo. Pilar Rojo, expresidenta de la Cámara, llegó a sospechar que aquella fragmentación de AGE respondía a una operación concertada por el rupturismo para duplicar sus tiempos de intervención y presupuesto para contratar asesores. Pero no. También había mucho personalismo.

El partido instrumental En Marea irrumpió en la escena gallega en las generales del 2015, cimentado sobre los restos de AGE y uniéndose en el camino a Podemos. Pero la nueva alianza heredó los vicios de la anterior, y los egos no tardaron en jugarle malas pasadas. Sonados fueron los desencuentros públicos entre dos actores principales, Beiras y Yolanda Díaz, pero también entre secundarios de lujo como Carmen Santos y Ángela Rodríguez.

En O Hórreo, en cambio, hubo voluntad de escenificar unidad y de actuar con la madurez que se requiere en la fuerza mayoritaria de la oposición. Aunque no tardaron en aflorar las deslealtades personales, con pugnas por decidir los nombres de los liberados a sueldo, lo que provocó que desde En Marea apalearan con alguna filtración a su portavoz, Luís Villares, dejándole claro que no lo querían de líder orgánico.

En realidad, no son las diferencias ideológicas las que provocaron el divorcio entre la coordinadora de Villares y el amplio contrapoder que pivota sobre las alcaldías de A Coruña, Santiago y Ferrol, o las cúpulas de Podemos, EU y Anova, sino que es el mismo mal que mató a AGE.

La implosión de En Marea como proyecto se constató el pasado miércoles en el Parlamento. «Non ten autoridade como presidente da Xunta para facerse valer», le espetó Villares a Feijoo, cuando el propio Villares carecía de autoridad para imponerse en su grupo y lograr de Paula Quinteiro una renuncia ética al escaño en el que, a diferencia de Juan Merlo, quedó sedimentada.

El fracaso de AGE está en las hemerotecas. El de AGE II (o En Marea) está pasando y ya fue certificado por Carmen Santos, secretaria xeral de Podemos Galicia, al constatar que había que reformular el proyecto porque «non funcionou». Entre los que predican la unidad popular cada vez son más los que apuntan a un AGE III «para mudalo todo». Puede que otra vez con Beiras. Pero las municipales están cerca y hay mucho en juego. Quizás haya que aguardar a después para unir a los mismos de nuevo.

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