Alfonso Rueda, ante su triatlón más duro

El número dos de Feijoo vive exigido por una larga huelga, la sucesión y el desafío electoral pontevedrés


santiago / la voz

Además de Feijoo, solo existe un dirigente popular que pase sin llamar por las cuatro esquinas del circuito cerrado en el que el PPdeG ha forjado su organización casi hegemónica en Galicia: Xunta, Parlamento, poderes locales y un partido monolítico. Cuando Alfonso Rueda dejó la secretaría general para centrarse en la fontanería de la provincia de Pontevedra, dijeron de él que había caído en desgracia y que el presidente quiso marcar distancias. Sin embargo, tres años después del desastre de las municipales del 2015, en las que quedó señalado tras los cambios orgánicos, sigue siendo el sucesor natural y atesora más enemigos que nadie, algo incompatible con la decadencia que le pretenden atribuir.

Rueda es a día de hoy el perejil de todas las salsas que se cocinan en la política gallega a corto, medio y largo plazo. Si llega al Jueves Santo con el conflicto de la Justicia encauzado, tendrá dos meses por delante para rematar el sudoku de alcaldables de la provincia pontevedresa con los que va a afrontar el auténtico reto que le puso «el jefe» hace dos años, reconquistar la Diputación. Un desafío que pasa por ganar dos escaños más -con o sin ayuda de Ciudadanos- y que le obliga a arrasar de nuevo en los concellos rurales; a recuperar los municipios medianos agitando las debilidades de los multipartitos, como hizo limpiamente en Sanxenxo; y a pelear hasta el último voto de Vigo y Pontevedra, que junto al de Baixo Miño son los tres partidos judiciales donde va a poner todo el carbón en los próximos meses.

Mientras el resto de los conselleiros descansan en sus casas, Rueda estira sus jornadas dos o tres veces por semana para preparar sus escaramuzas contra su antagonista provincial, Carmela Silva. En esas reuniones apuntala su estrategia local, para la que ya cuenta con Elena Muñoz en Vigo, Alfonso Gallego en Vilagarcía y también con Xosé Crespo, al que ve con ganas de devolver a Lalín a la primera línea política, que no está en Twitter.

La duda surge en su ciudad, Pontevedra, donde no cuaja la tesis de que el modelo amable de Lores es incompatible con el crecimiento económico. Han hecho encuestas internas con nombres propios -el portavoz Jacobo Moreira, la empresaria, exedila y dirigente deportiva Lupe Murillo o el más discreto del clan Rajoy, José Benito Suárez, que se resiste-, pero la conclusión es que su rival más temible es la anestesia: en una ciudad con un 17 % de paro, los vecinos confesaron estar preocupados por el tráfico y el compostaje. Porca miseria.

 

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