Chandebrito intenta sacudirse las cenizas

La zona cero trata de volver a la normalidad, tres meses después de los incendios que se cobraron dos vidas y arrasaron el monte de esta parroquia de Nigrán


nigrán / la voz

Se empiezan a ver algunas hojas verdes en los montes de Chandebrito, pero muy pocas. Las interminables hectáreas de superficie quemada siguen protagonizando un desolador paisaje mientras los vecinos intentan recuperar la normalidad después del «peor episodio» de sus vidas, tal y como lo definen la mayoría de ellos. Han pasado tres meses y les parece que fue ayer. No lo van a olvidar nunca. Intentan seguir con sus vidas pero no les está siendo fácil. La fatídica noche del 15 de octubre del 2017 vuelve una y otra vez a sus cabezas, especialmente las dos mujeres que perecieron víctimas de las llamas. «E se non morreron máis foi porque Deus non quixo», sentencia desgarrado José Más, un vecino que vive en la frontera entre Chandebrito y Coruxo, las dos parroquias más castigadas por los incendios.

Su historia es una de esas que merecen ser contadas. El 15 de octubre se fue con su familia a comer y a pasar el día en A Guarda. Sus nietas volvieron a casa por la tarde porque tenían que hacer trabajos para la universidad. Ni siquiera pudieron entrar. Cuando llegaron, la policía les dijo que fuesen inmediatamente a la playa viguesa de O Vao. Desde allí llamaron a José Más, y la familia entera se reunió en el arenal. Cuando les dejaron volver a casa, se encontraron con el galpón completamente arrasado. Al menos, su vivienda resultó intacta. Pero la madera que tenía almacenada y que preveía comercializar quedó prácticamente inservible. «Por isto xa non nos van dar nada», se lamenta José Más. Su pozo quedó completamente seco después de que él y su familia no dejasen de coger cubos de agua para intentar luchar contra el fuego.

Es una historia más de las muchas que se vivieron en Chandebrito. Contada con desesperación, con las lágrimas asomando a los ojos recordando lo ocurrido y a Maximina Iglesia y Angelina Otero, las dos mujeres que intentaron escapar en su furgoneta y que fueron devoradas por el fuego. Los vecinos no se explican cómo fueron las únicas víctimas mortales.

Precisamente, recuerdan cómo un Policía Nacional casi corre la misma suerte que las fallecidas. Al ver que no encontraba una salida a las llamas, llamó a su mujer para despedirse. Finalmente, hubo final feliz.

Pastora Pérez, que vive con su marido en el corazón de Chandebrito, recuerda por ejemplo que se quedó sentada dentro de su casa hasta que los vecinos y los bomberos lograron sofocar el fuego por completo. «Mentres eu estaba dentro, o meu marido saíu con cubos de auga e estivo horas fóra para conseguir salvar a nosa casa», recuerda la mujer.

Chandebrito pasa los días en un silencio sepulcral. Son minoría los vecinos que quieren contar cómo vivieron los incendios. La mayoría prefiere ni siquiera pronunciar una palabra sobre el asunto. «Esas cousas non se poden recordar», asegura Rosa Lago. En el bar de la parroquia, el dueño no quiere oír hablar de ese día fatídico, y mucho menos recordarlo. Sus clientes tampoco quieren recordar lo sucedido. Pese a que jamás podrán olvidarlo, consideran que no hablar sobre ello les ayuda a mitigar el dolor. Entre ellos también prefieren evitar sacar el tema. Todos lucharon para salvar sus casas y su familia. Ahora comparten en silencio su dolor. «Además, este era un lugar del que nadie se acordaba. Tuvo que pasar una desgracia para que aparezcamos en la prensa», se lamenta una vecina que vive bajo el castro de Chandebrito.

Riesgo de desprendimientos

Las casas situadas bajo ese castro han vivido con especial preocupación estos últimos meses. El fuego provocó que se temiese por posibles desprendimientos de las rocas. Los vecinos situados al pie del monte llevan reclamando que se actúe en la zona desde el pasado octubre. Patrimonio ya ha dado la autorización para intervenir y la Xunta, pese a que no ve riesgo inminente de desprendimientos ni peligro para los vecinos, colocará una barra de cien metros para proteger a las casas que, según Medio Rural, será capaz de detener cualquier desprendimiento que se produzca, según los cálculos realizados en un estudio elaborado por la Universidad de Vigo.

Para empezar a reforestar el monte quemado, está previsto que a finales de febrero se planten alrededor de 2.000 árboles. Todas serán especies autóctonas, pensadas para que no ayuden a propagar el fuego en caso de incendios, tal y como sucedió con los eucaliptos en el mes de octubre.

Falta la autorización de Patrimonio para talar los árboles quemados

Pese a que pasaron ya tres meses desde los incendios, apenas se ha podido actuar para cortar los árboles calcinados. Tal y como explica el presidente de la comunidad de montes de Chandebrito, Víctor Vidal, muchas zonas están afectadas por la dirección xeral de Patrimonio debido a la existencia de petroglifos y yacimientos. Los comuneros, no obstante, han trabajado a destajo para intentar devolver la normalidad a la parroquia. Suministraron hierba a todos los vecinos que tenían animales después de que las llamas arrasaran la totalidad del pasto; llevaron camiones de agua para alimentar los depósitos y suministrar a las casas después de que los manantiales se quedasen secos; ayudaron a los vecinos afectados a tramitar las ayudas de la Xunta; y un largo etcétera.

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