Gerardo Fernández Albor: «Quiero cuidarme y vivir más»

El expresidente Albor repasa los pasajes más destacados de la actualidad y de su vida a cuatro días de cumplir 100 años

A cuatro días vista de cumplir los 100 años, Gerardo Fernández Albor es un hombre recogido en un sillón, con manta sobre las rodillas, que exhibe una memoria tan elástica como las cuerdas del puenting. Lo mismo desciende a narrar pasajes del Madrid que descubrió con su padre en 1936 que asciende con el ceño fruncido a la actualidad del atentado de Barcelona. Reside en Biduído (Ames), a las afueras de Santiago, como un Peter Pan en la isla de Nunca Jamás, pues en el portal de casa cuelga el rótulo de Neverland, que refleja la fascinación de una hija por Michael Jackson. Media docena de libros se apilan en su mesa auxiliar, junto a periódicos y artículos recortados que muestra a su antojo para reforzar sus asertos. «Quiero cuidarme y vivir más», confiesa el expresidente de la Xunta, político, médico y teniente de aviación. El gallego que presidió la comisión de la Eurocámara para la reunificación de Alemania, que le hizo acreedor de la Cruz al Mérito de dicho país, catapultando su foto a la galería de retratos del Bundestag, es ahora una personalidad observada a toda hora por Coco, su perrito. «No quiero quererle más por si me falta un día y me hace sufrir», dice previsor. Su voz es delicada, a veces quebradiza. Repasa descendencia -siete hijos, ocho nietos y trece bisnietos- y confiesa que guarda apetito para «degustar esas cosas ricas que tenemos en Galicia».

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«El desafío de Galicia es dejarse de coñas y atender a la gente sin trabajo» El expresidente Albor repasa los pasajes más destacados de la actualidad y de su vida a punto de cumplir cien años

-¿Cuál es su secreto para tener una vida placentera?

-El secreto es no ser orgulloso, y no creerse todo lo que te hacen o dicen en plan homenajes. También hay que tener sentido del humor, que te guste vivir, disfrutando con amigos en torno a una mesa con alguna cosa rica, y, por encima de todo, el secreto es creer en Dios, eso siempre tiene unas ventajas impresionantes.

-¿En qué consiste una jornada cotidiana suya?

-En sentarme aquí, encender la televisión, hojear los periódicos... Creo que ya recibo a demasiada gente de la familia que ya no sé cómo se llaman. Algunos viven en California y hablan inglés, y yo les digo que a ver si aprendemos el gallego, ¿eh?

-¿Y lee todos esos periódicos a diario [hay cinco cabeceras]?

-Sí, a diario, me entretienen mucho, y también tengo libros sobre política que cuesta más trabajo leer. En general yo quiero libros que hablen mal de los socialistas [sonríe], que hablen de lo que me hicieron a mí.

En ese punto, Albor dirige la conversación hacia 1986, en vísperas de la moción de censura que lo destronó como presidente de la Xunta. Varios miembros de su Gobierno dimitieron para forzar su caída, pero Albor aguantó y nombró vicepresidente a Mariano Rajoy en un intento de recuperar el control que no fructificó. Y prosigue:

-Lo que la gente no sabe es que una semana antes [de la dimisión de los conselleiros] me hicieron un homenaje, y me regalaron un cuadro de un pintor de Ourense, muy bueno, y hubo uno que vino a hablar conmigo y me dijo: «Se habla por ahí que algunos de los tuyos se llevan mal contigo. Pues quiero que sepas que quien me hizo dos veces conselleiro siempre me tendrá a su lado». ¡Carallo! Pues fue el primero que dimitió cuando Barreiro marchó.

-¿Y a Barreiro Rivas lo ha perdonado por todo aquello?

-Por Dios, desde el primer momento. Es que yo creo que Barreiro también fue engañado y jugaron a ser amigos de él para acabar con el Gobierno, diciendo cosas como que íbamos contra el galleguismo.

«A lo que tengo miedo con 100 años es a que Sánchez se alíe con los antisistema para ser presidente»

La memoria elástica de Albor lo lleva a detenerse en un título, Patria, el retrato social sobre la violencia en el País Vasco de Fernando Aramburu, desde el cual salta otro libro, 1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular, hacia el que pone alguna cautela, pues le parece «demasiado duro con los socialistas». Y ahí salta a 1936, a cuando terminó tercero de Medicina en Salamanca y su padre lo recogió para ir a conocer Madrid.

-Me encontré con un conocido falangista que vivía en el tercer piso, de los falangistas que habían ido a Vilagarcía a ver el mitin de Primo de Rivera. Y de repente aparecieron unos rojos con el periódico Libertad, que ponía «Diario iconoclasta de escritores anónimos», y yo solo pensaba: «Mira que si se lían a tiros y acabo yo con un balazo solo por saludar a una persona...». En fin, que tuve mucha suerte porque salvé dos veces la vida.

­- ¿Cómo que dos veces? Explíqueme cómo fue eso.

-Sí, sí. En 1936, estaba en Madrid y quería ver una corrida de toros. Creo que toreaba Manolete o Bienvenida, no sé, uno muy famoso, pero llovió y aplazaron la corrida. Yo pospuse el viaje de regreso y salvé la vida, porque el tren que iba a tomar se estrelló y murieron unos chicos del equipo de hockey de Santiago.

El siniestro ferroviario ocurrió el 23 de junio de 1936, en el túnel de las Fraguas, cerca de Ponferrada, al colisionar el expreso de Galicia con un mercancías, dejando 20 muertos. Aparte, también cree haber salvado la vida en Alemania, donde recibió la formación de piloto de aviación. «No haber caído bajo el control de las dictaduras comunistas me dio la vida», sostiene.

-Dígame: ¿qué es lo mejor que se hizo en la etapa de la construcción de la autonomía?

-En general, creo que hacer Galicia más grande. [Y recita unos versos]. «Galicia [...], la siempre verde en tierra y mar, [...] la España madre de la España entera». Es de Machado, ¿lo conoce? Es que somos muy grandes, somos los creadores de Europa, porque las peregrinaciones son la cuna de la Unión Europea. Eso nos lo vino a decir aquí un papa, Juan Pablo II.

-Algo también se habrá hecho mal, ¿no?

-Pues no lo sé, las críticas de la época están ahí para consultar, pero yo quedé muy tranquilo con haber creado el mejor Parlamento de Galicia, en el cuartel del Hórreo; la mejor Televisión de Galicia, que todos se disputan el haberla hecho; y estoy muy satisfecho de haber reunido toda la Xunta en San Caetano, porque estaba todo por ahí disperso en pisos. Esas son tres obras colectivas realmente preciosas.

-¿Y cuál es la tarea que tenemos por delante, cuál es el principal desafío de Galicia?

-Galicia debe dejarse de coñas y atender a la gente sin trabajo, a los que se marchan al extranjero, y a los jóvenes, sobre todo a los jóvenes. Y defender la democracia.

-¿Qué es lo que le inquieta o produce desvelo a una persona que va a cumplir 100 años?

-Me produce inquietud ese chico, el socialista, ¿cómo se llama?

-¿Se refiere a Pedro Sánchez?

-Sí, Pedro Sánchez, creo que no tiene la categoría que tuvo Felipe González y otros socialistas para ser presidente. No debería ser un muchacho con tanto odio a Rajoy, porque el odio no es bueno en política. A lo que tengo miedo con mis 100 años es a que Pedro Sánchez se alíe con los antisistema para ser presidente, con Podemos y con Garzón, que son antisistema y se quieren cargar este regalo que tenemos que es nuestra democracia.

«Que hagan una comisión, el PP, los socialistas y otros, para decidir qué hacer con Franco»

-Y los Franco, ¿cómo ve la polémica generada con Meirás?

-Un disparate, a la familia Franco hay que dejarla feliz, y la oposición debería ocuparse de temas más serios, porque no tiene sentido. Mire, que hagan una comisión ya, el PP, lo socialistas y otros, y que dialoguen y dialoguen para decidir qué hacer con Franco y esos bienes. Eso es lo que deberían hacer.

Albor hace una pausa para secarse la boca. Retoma la conversación cambiando de tema y poniéndose etiquetas en la solapa: la de ser de derechas, católico, monárquico... Y habla de Paul Éluard, autor del poema Liberté, escrito bajo la ocupación nazi de Francia y que se estudia en todos los colegios. «Nací para conocerte, / para nombrarte, / Libertad. ¿Lo conoce?».

«Hay sucesor de Rajoy, Feijoo arrasaría»

Sobre el relevo al frente del PP gallego, Albor apunta: «De momento, yo no lo veo»

d. sampedro

Albor empezó a interesarse por la política al comienzo de la transición. Formó parte del grupo Realidade Galega, junto a Ramón Piñeiro, para esparcir las ideas galleguistas por los partidos políticos que empezaban a ser legalizados y, siendo aún independiente, lo captaron para encabezar la candidatura de Alianza Popular a la Xunta en 1981. Enseguida se hizo el carné y formó parte de casi todas las juntas directivas que tuvieron AP y después el PP.

-Visto en perspectiva, ¿valió la pena dejar la medicina por la política?, ¿haría hoy lo mismo?

-Es que no la dejé de lado nunca, nunca. Lo que dejé oficialmente es de operar, porque de todas formas eso tiene una edad, que las manos no son igual de ágiles, pero la obra del Policlínico La Rosaleda ahí está. Pude seguir compaginando de alguna forma las dos actividades, la política y la medicina, que es una preciosidad, y no para ganar dinero, sino para trabajar en favor de la gente. Y en eso la política es muy parecida, también se trata de servir a la gente.

-¿Qué aprendió Rajoy de su paso por la Xunta como vicepresidente suyo?

-Tiene un mérito extraordinario, porque primero se ocupó de ganarse la vida sacando una oposición con la que entonces podía ser millonario en un año. Y aun así se dedicó a la política, sin más interés que servir a la gente, sin ambición de mando. Yo lo conozco desde niño, con Rajoy compartí pedradas en algunos mítines y sé que ni siquiera se enfada ni con sus enemigos.

-¿Un buenazo, entonces?

-Un excelente servidor público, y que tiene un gran sentido del humor, que es una pena que lo pierda.

-Después de dos mandatos como presidente del Gobierno y una década al frente del partido, ¿hay sucesor para Rajoy?

-Sí, uno perfecto, porque además es un excelente gestor. Hay sucesor de Rajoy y creo que Feijoo arrasaría, aunque lo pasaría fatal porque tendría muchos enemigos, pero está acostumbrado a enfrentarlos, porque tiene experiencia aquí. Así que, el día que Mariano se quiera ir o lo echen, no hay problema en ese sentido.

-¿Y también observa un relevo igual de evidente al frente del PP gallego?

-Uy, eso no lo diga, pero por el momento yo no veo relevo [sonríe]. En todo caso, a mí me gusta mucho la democracia, y también la democracia dentro del partido.

-Usted, que trató a muchos dirigentes del PP, dígame su opinión sobre algunos. ¿Manuel Fraga?

-Se volcó para que fuera presidente de la Xunta. ¡Cómo me hizo trabajar! Comíamos dos veces al día para ver al doble de gente. Entierros, bares, mítines...

-¿Romay Beccaría?

-El único vicepresidente que yo nombré. Pero tengo la impresión de que no se entendía con Barreiro y se dedicó a hacer carrera en Madrid. Se fue sin mi permiso.

-Pero no fue su único vicepresidente. Barreiro, Mella, Rajoy...

-No, no fue el único que yo nombré, ese otro Gobierno lo hicieron ellos. ¿No quería antes un error mío? Pues ahí lo tiene.

-¿Alberto Núñez Feijoo?

-Soy un gran admirador, porque es una gran persona y un político de raza.

-¿Y José María Aznar?

-Siempre lo respeté, porque actuó con valentía al sufrir el atentado, pero no me gustó su actitud con Rajoy, que hablara mal de su Gobierno. Creo que conmigo no se portó bien: una vez me llamó al despacho para ver qué opinaba de cada eurodiputado, y yo le hablaba bien de todos, pero ya veía que me iba a fastidiar en las listas. Y efectivamente, pasé del número 3 al 14.

-Esperanza Aguirre.

-Es estupenda, una liberal de creencias, y eso es bueno. Es una pena que hayamos prescindido de un valor político semejante.

-Rodrigo Rato.

­-Yo creo que perdió la cabeza por los cuartos y por las mujeres. Y no me pregunte más ya.

-Solo uno más, de la nueva hornada del PP: ¿Pedro Puy?

­­-Es estupendo. A veces meto yo la pata diciendo que bastaba el discurso de Pedro Puy para cerrar un acto, sin más, porque es fantástico. Pero a Feijoo le gusta intervenir para sacudir a la oposición y, bueno, creo que hace bien.

«Acabamos con ETA metiéndonos dentro, y con el yihadismo hay que hacer lo mismo»

Admite el expresidente Albor que cada vez le provoca más fatiga la televisión, aunque los atentados de Cataluña lo engancharon de nuevo a la actualidad.

-¿Cómo ve lo que está ocurriendo en Cataluña?

-Es muy preocupante lo que ocurre, porque están jugando con cosas muy peligrosas del pasado que no caben en nuestra Constitución, que es muy clara al respecto de la integridad territorial y el papel de las Fuerzas Armadas. Y también del papel que tiene nuestro monarca como garante de la democracia. Y ahora resulta que le echan la culpa a nuestro rey de lo que está pasando, y le pitan, cuando es el garante de nuestra democracia. Fíjese que le echan la culpa al rey de lo de Barcelona cuando lo de las Ramblas se arreglaba con unas macetas y bolardos que la alcaldesa no quiso poner.

-¿Se podría evitar un atentado con unos bolardos?

-Ese sí, el de las Ramblas sí. Se arreglaba con unos bolardos o unas macetas que no cuestan nada, pero prefieren echarle la culpa al rey porque tiene amigos en tal o cual país.

-¿De qué manera se debe combatir el yihadismo?

-Se combate luchando contra ellos y reforzando la Unión Europea, porque si estamos unidos en Europa somos muy fuertes. Y lo que tenemos que hacer con esos grupos terroristas es infiltrarnos dentro de ellos con nuestros servicios de inteligencia y anticiparnos. Acabamos con ETA metiéndonos dentro, y lo mismo hay que hacer con el yihadismo.

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