La última parada del Monte do Gozo

El macrocomplejo para peregrinos, que languideció al ritmo que despuntaba el Camino, busca una nueva oportunidad

Las nuevas piscinas quieren ser un gancho para miles de peregrinos que cada día pasan frnte al complejo del Monte do Gozo
Las nuevas piscinas quieren ser un gancho para miles de peregrinos que cada día pasan frnte al complejo del Monte do Gozo

Santiago / La Voz

El fiasco del Monte do Gozo, el macrocomplejo para acoger peregrinos al final del Camino Francés que se promovió a principios de los años noventa, está sustentado sobre una gran verdad imprevisible y una mentira piadosa. Nadie, ni el más optimista, tuvo la clarividencia del conselleiro José Manuel Vázquez Portomeñe (PP) para augurar que el Camino de Santiago iba a cosechar un éxito sostenido y desbordante, como se certifica ahora cada año. Tampoco nadie se creyó del todo que en las Jornadas Mundiales de la Juventud de 1989 se hubieran juntado en aquel monte pelado con las primeras vistas de las torres de la Catedral medio millón de personas para recibir al papa Juan Pablo II. Fue una cifra desmedida que caló en el imaginario y que nadie quiso desmentir, pero en cierta forma justificó la construcción de un complejo descomunal en dimensiones y en cifras: 24 millones de euros de presupuesto, 50 hectáreas de superficie, un hotel, un cámping, comedores, un lago, un auditorio para 45.000 personas y 28 barracones supuestamente funcionales para desplegar 1.414 literas.

Todo grande, todo cutre. Todo era cantidad, nada calidad, cuestión que fue determinante para el paulatino fracaso de una concesión que abanderó la empresa catalana Hotusa, que advirtió de los problemas para explotar el recinto desde el principio y que, quizás por desencanto o lejanía, nunca se implicó a fondo en el proyecto. Aguantó 22 veranos, la mayoría bastante tristes y sin apenas actividad, y tiró la toalla en el 2015, dos años antes de tiempo. Aquello no daba más de sí.

Los peregrinos, los vecinos de Santiago y los universitarios le dieron siempre la espalda al complejo El Monte do Gozo vivió por los impulsos de los años santos, pero algunas de sus instalaciones, como el auditorio, llegaron a pasar hasta seis años sin abrirse por la dificultad que entrañaba organizar allí macroconciertos, que además sonaban de pena porque el viento soplaba siempre en contra. De la nómina de artistas que tocaron allí, Bruce Springsteen -en dos ocasiones- fue el que más se acercó al éxtasis que se vivió con el papa polaco.

Concierto del 2009 de Bruce Springsteen
Concierto del 2009 de Bruce Springsteen

Dos vilalbeses inauguraron el recinto el 16 de abril de 1993: el presidente Fraga y el arzobispo Rouco Varela tuvieron que abrirse paso entre las protestas de los vecinos expropiados hasta proclamar que estaban «en la antesala de los peregrinos del mundo». Lo cierto es que los 176.000 caminantes que llegan por el Camino Francés ignoran un complejo que tiene los mismos malos accesos que el día de su apertura. Y los 100.000 que asoman por Compostela por el resto de las rutas jacobeas no tienen ningún interés en hacer vida en un lugar más bien moribundo y alejado, cuando en el centro de Santiago existe ahora una planta hotelera de lujo y de chanclas, con encanto o para salir del paso, pero siempre a un precio bastante asequible. El uso ciudadano tampoco cuajó, y a día de hoy son muchos los compostelanos que no han pisado todavía el Monte do Gozo por un motivo bastante convincente: no hay nada que hacer. Ni siquiera cuajó como residencia de estudiantes. Un desastre.

A por una nueva concesión

Fraga, que en su etapa de ministro inauguró algunos de los mejores paradores de España, pinchó en su querido Santiago. La Xunta se hizo cargo en el 2015 de un monte con la vegetación desatada y con varias instalaciones que requieren algo más que una mano de pintura, pero que tienen cierta utilidad si se insufla dinero.

La primera palada para desenterrar el Monte do Gozo ha costado 330.000 euros, y ha permitido crear unas piscinas de uso público sobre el lago que coronaba el auditorio, convertido ahora en solario. Y poco más va a desembolsar la Xunta, porque el siguiente paso, en marcha, está siendo la contratación del servicio para la explotación de todo el complejo de alojamiento y de las zonas de baño. La nueva firma que gane el concurso -para diez años con opción a cinco más- tendrá que hacerse cargo de la renovación de los pabellones, el centro de recepción, el restaurante y la cafetería, y sufragará las mejoras de las edificaciones y la urbanización, así como el mantenimiento, la vigilancia y la limpieza. Un contrato amplio cuyo mejor aval es el paso a diario de miles de visitantes, algunos ilustres como Mick Jagger, de los Rolling Stones, que en 1999 dijo: «Hola, Santiago. Boas noites, Galicia. Se está muy bien aquí». Otra verdad a medias.

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La playa de Santiago abrirá en los próximos días en el Monte do Gozo Las dos piscinas están ya terminadas y los operarios ultiman los detalles del solario

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