El triunfo de la perseverancia

Natural de Meaño y nacido en 1958, podría decirse que Telmo Martín es un hombre hecho a sí mismo

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pontevedra / la voz

Telmo Martín, si se caracteriza por algo, es por la pasión con la que afronta los retos, por difíciles que sean, sobre todo en las siempre complejas aguas del mundo político. Quizás sea una herencia de su pasado futbolístico, ya que fue portero de tres equipos en su juventud y eso le llevó a aprender a encajar goles, además de saber cómo pararlos. O también la aplicación a la gestión política de su trasfondo profesional como empresario. La recuperación de la alcaldía de Sanxenxo para el PP en unos días es su último éxito y no es menor, porque ha tenido que salvar toda una carrera de obstáculos. 

Natural de Meaño y nacido en 1958, podría decirse que es un hombre hecho a sí mismo. Emigró a Alemania cuando era muy joven y a su regreso, en la década de 1980, constituyó con varios familiares la sociedad Hierros Santa Cruz. Bajo su dirección, esta empresa ha logrado hacerse un hueco en el mercado nacional y más allá del Atlántico. En España ha participado en obras como por ejemplo el nuevo puente sobre la bahía de Cádiz o el aparcamiento de la T-4 en el aeropuerto de Barcelona.

Si Hierros Santa Cruz le ha dado alegrías, su etapa en la inmobiliaria Construcuatro le ha dejado un sabor agridulce, con más de alguna polémica actuación sobre la que se han cebado sus detractores políticos.

Donde se ha mostrado como un verdadero elemento a tener en cuenta es en la política, con un papel más destacado en la municipal, como alcalde de Sanxenxo y como dos veces candidato a la alcaldía de Pontevedra, que en la gestión estatal. Su paso por el Congreso fue más discreto, menos evidente en un hemiciclo donde una vez más sus rivales le señalaron por su condición de ser el diputado más rico de España en su momento.

Martín encabezó su primera lista en los comicios de Meaño por un partido que no podía pasar inadvertido por sus siglas: el PUM (Parroquias Unidas de Meaño). Era 1987, pero todavía no había llegado su oportunidad. La fortuna le llamó a la puerta en 1999, como candidato del PP en Sanxenxo. En ese año consiguió 10 concejales y la mayoría absoluta. Revalidó el gobierno sanxenxino en el 2003 ampliando los apoyos vecinales. En su etapa como regidor, Sanxenxo se transformó. Entre otras cosas, aprobó un Plan de Urbanismo. Hizo en pocos años lo que a concellos cercanos como Marín, al otro lado de la ría, les llevó 30.

En julio del 2006 el PP se fijó en Martín para arrebatarle la alcaldía de Pontevedra al BNG de Miguel Anxo Fernández Lores. Logró ser la lista más votada, pero no consiguió la alcaldía. Repitió en un segundo asalto en el 2011, con idéntico resultado, retirándose de esta contienda para seguir su trayectoria política en el Congreso de los Diputados. De allí lo convencieron para volver a Sanxenxo el entonces presidente provincial del PP pontevedrés, Rafael Louzán, que confiaba en su tirón entre sus vecinos para obtener las actas claves y retener la Diputación para los populares.

En febrero del 2015, Martín justificó así su vuelta a la villa de sus éxitos: «Me presento porque me gusta; Sanxenxo políticamente es mi vida». En las elecciones municipales logró ocho concejales. Se quedó a un escaño de la mayoría absoluta y SAL, el partido en el que confiaba para revalidar el bastón de mando, se fue con un cuatripartito de difíciles costuras, junto con el BNG, el PSOE y Sanxenxo Pode. Dos crisis internas de calado en la coalición, que hace un año se quedó en tripartito, le dieron la oportunidad de retomar su alianza con SAL. Sus peticiones públicas a Pita durante meses para que reconsiderase su pacto no cayeron en oídos sordos. Es el triunfo de la perseverancia.

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