«Estoy aquí porque me lo busqué»

Los condenados por alcoholemias deben pasar un curso de sensibilización. No todos aprenden la lección


a coruña / la voz

«¿Aquella noche? Claro que me acuerdo. Fue una noche de una gran borrachera. Te lo cuento porque no vas a poner mi nombre, ¿verdad? Una noche de excesos. Y una mañana de un arrepentimiento brutal... pero ya no había remedio». El nombre ni siquiera se lo pregunto, pero este coruñés sí me dice su edad, 55 años. Se arrepiente, dice, de aquella noche que le costó el coche (siniestro total en el accidente), una condena judicial y un año sin carné. ¿Mucho? «Pudo haber sido peor. Tuve suerte porque a mí no me pasó nada».

-Antes de coger el coche, ¿pensó en no hacerlo? ¿Consideró en algún momento que no estaba en condiciones?

No tarda mucho en responder: «No. En ningún momento pensé en no coger el coche». Estamos a las puertas del local que la Federación de Autoescuelas tiene en A Coruña donde se imparten cursos para la recuperación de puntos y otros de sensibilización. Estos últimos son obligatorios para aquellos conductores que han perdido el carné por una condena judicial. Antes de recuperarlo deben pasar por aquí. En el que se celebró esta semana participaron una docena larga de conductores. Todos por alcoholemias. «Yo me había tomado una botella de whisky a medias con un colega. ¿Y tú?» Es uno de los comentarios entre el personal antes de que lleguen los profesores: «¡Ey! Hoy nos dejará salir antes, ¿no? ¡Que juega España!». No vale. El partido de la selección no les eximirá de nada.

La reincidente

En todo el curso solo hay una chica. Tiene 26 años y habla bajito cuando cuenta su peripecia: una noche de juerga en Vilagarcía y regreso a casa en su coche. En algún momento se quedó dormida en medio de la AP-9 y chocó contra un camión. Otro siniestro total y otro pequeño milagro, porque lo puede contar: «Ahora lo tengo un poco más superado, pero antes lo revivía todas las noches». También dice estar muy arrepentida, que no ha vuelto a subirse a un coche con alguien bebido. Ya ha recuperado el carné y esa misma noche, si quiere, podrá volver a conducir. ¿Tiene ganas? «Sí, claro. Pero esperaré a mañana». Cuando se publique este reportaje, ya estará en la carretera. Una conductora rehabilitada, sinceramente arrepentida. «Esperemos que sí -comenta luego Manuel Maceiras, uno de los profesores-, pero esta chica ya es reincidente». Maceiras lleva muchos años dando clases a los malos conductores: a los que han perdido puntos por infringir el código y a los que un juez ha condenado por considerar que eran un peligro para el tráfico. Lo ha visto todo: «Uno me contó una vez que había llegado a Oviedo conduciendo él, pero que no se acordaba cómo. Que solo recordaba salir de A Coruña y luego desayunar en Oviedo con unas personas que no conocía de nada. 'Y llegué', me decía. Yo le contestaba que muy fácilmente pudo no haber llegado».

El curso está lleno de historias. Unas más vulgares y otras menos. Hay a quien la prueba se la hicieron poco después de arrancar y quien la pasó después de estrellar el coche. Lo que es indiscutible es que todos bebieron muy por encima de los límites legales: «Yo di 1,15 (0,25 es el máximo permitido). Sí, había bebido bastante -relata un coruñés de 36 años en un descanso del curso-. Desde el mediodía a la medianoche». Cogió el coche y se dio contra una glorieta: «Y estaba al lado de casa. Si hubiera ido andando...». Admite que para él, beber y conducir no tenían nada de incompatibles: «Era una costumbre. Desde los 15 años que iba en la moto. Pero, ya se sabe, si juegas siempre a la lotería... en realidad, si lo piensas bien, tardó bastante en tocarme». Este es el tono del relato. Coinciden la mayoría, hay un punto de fastidio por los muchos controles, por la dureza del castigo, pero nadie se considera inocente: «Yo estoy aquí porque me lo busqué; de eso no cabe duda», reconoce el conductor que dio 1,15: «A ver si de esta aprendo, aunque no lo tengo claro».

Cerrar los ojos

Muchos de los participantes en el curso estaban cumpliendo el trámite necesario para reincorporarse al tráfico, es decir, tienen ya el carné en su poder pero es imprescindible que asistan para cumplir la condena que les impusieron. «Muchos tienen todos los puntos», apunta Manuel Maceiras. Y es así, por extraño que parezca. La alcoholemia, cuando es delito y llega al ámbito judicial, puede derivar en una retirada de carné, aunque no se resten puntos.

En el curso hay gente de toda edad y condición. También un señor de 71 años. Bebió, cogió el coche y una luz le deslumbró: «Cerró los ojos y, cuando los abrió, había atropellado a una chica en un paso de cebra». Lo cuenta Maceiras, que añade que el golpe no fue grave. Pero, como suele decir este profesor: «Pudo haberlo sido».

Dejo para el final el testimonio de uno de los cursillistas, uno de los que ya tiene el carné pero aún no puede usarlo es un conductor de origen colombiano de 46 años. Lo cazaron por ir sin luces. No se dio cuenta, aunque era de noche y la alcoholemia lo condenó: «¿El curso ? Muy bueno, muy interesante. Pensé que iba a ser más pesado». Este hombre incide en el mensaje de sus compañeros: «Lo que pasó me lo merecía. Y creo que he aprendido la lección. No he vuelto a conducir bebido».

-Ya. Si le retiraron el carné, no pudo conducir.

-Sí, bueno. Conducía por el pueblo. Allí no pasa nada. Pero por A Coruña no venía.

El 20 % de los que pasan por la experiencia reinciden en el delito

Lo tienen más que estudiado: de cada diez cursillistas, dos regresan en un plazo no demasiado largo. Y esos son los que reinciden y son cazados. Otros volverán a beber y a conducir acompañados por la suerte. Manuel Maceiras dice que más o menos ya puede determinar en cada curso quiénes volverán. Algunos lo llevan dentro: consumidores de sustancias que no pueden o no quieren dejarlas; conductores con dependencia ya del alcohol. Es poco razonable pensar que un adicto va a dejar de consumir tras un curso de sensibilización, pero se ven con alguna frecuencia casos de adicciones. También es un hecho que cada vez son menos los condenados, porque también hay menos alcoholemias. Otro dato: las mujeres sigue siendo amplia minoría, pero cada vez son más.

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