Feijoo rebaja el optimismo autonómico

No se fía de que los acuerdos de la conferencia de presidentes vayan a ser la clave de la nueva financiación


Madrid / La Voz

¿Entonces nos vamos contentos, presidente? Esa es la pregunta que le hicieron al presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, ya con los micrófonos cerrados, inmediatamente después de que terminara su rueda de prensa tras la sexta conferencia de presidentes autonómicos. El líder gallego acababa de ofrecer sus impresiones sobre el resultado de la cita y de mostrar su satisfacción por la actitud «receptiva» que había percibido en el resto de los presidentes autonómicos hacia sus propuestas, que incluían un reconocimiento explícito del coste efectivo de los servicios públicos en cada comunidad en el diseño de la nueva financiación autonómica, y un estudio serio sobre el problema demográfico y su futuro impacto en esos mismos costes. Simultáneamente, Mariano Rajoy ofrecía en otra sala la misma versión optimista sobre lo que había acontecido en la reunión. Ambos alabaron también la buena disposición de los distintos líderes regionales, independientemente de las siglas políticas.

Pero, ante esa interpelación directa respecto a si se iba contento de la conferencia, y sabedor de que esas respuestas off the record calan más que las oficiales, Feijoo optó por rebajar el tono y las expectativas, señalando que todo lo que se había hablado allí estaba muy bien, pero ahora faltaba comprobar si el presidente del Gobierno y los presidentes autonómicos estaban a la altura de aquello a lo que acababan de comprometerse, y si eran capaces o no de plasmar ese catálogo de buenas intenciones en unos acuerdos y medidas concretos.

Feijoo empieza a ser un veterano en este tipo de citas y sabe por experiencia que tienen mucho de representación. Y también, que el actual sistema de financiación se pactó en una reunión discreta entre el Gobierno y la Generalitat de Cataluña, dejando poco menos que en ridículo a los líderes regionales que se habían reunido poco antes en otra conferencia de presidentes.

Feijoo ha desarrollado ya ese acusado sentido de la indiferencia que Rajoy considera imprescindible para ejercer en la política. Y, por más que allí fueran todo parabienes y felicitaciones por lo bien que había ido todo, sigue con la mosca detrás de la oreja ante la posibilidad de que el problemón catalán acabe solucionándose, o al menos aplazándose, gracias a una conversación de mesa de camilla entre Mariano Rajoy y Carles Puigdemont, de la que salga un trato privilegiado para Cataluña en la nueva financiación y hasta un pacto fiscal similar al vasco para acallar, aunque sea de momento, el incendio soberanista. Su confianza en que Puigdemont y Junqueras acaben entrando en vereda porque Soraya Sáenz de Santamaría abra despacho en Barcelona es tendente a cero. Y, por ello, pone la venda antes que la herida.

Feijoo se siente libre y no se casa ya con nadie. Ni con Rajoy, ni con Soraya ni con Cristina Cifuentes, con la que no se mojó frente al chaparrón de acusaciones de convertir Madrid en un paraíso fiscal. A efectos prácticos, y por más autobombo que se diera Rajoy, la conferencia de presidentes no fue para Feijoo más que un esperar y ver. Todo dependerá de la inminente cita entre Rajoy y Puigdemont. Ahí se verá si Galicia gana o pierde.

Más fuego para el incendio entre Caballero y la Xunta

Las relaciones entre Alberto Núñez Feijoo y Abel Caballero estaban desde hace tiempo en caída libre. Pero el encarcelamiento de la antigua cúpula de Novacaixagalicia ha llevado esa relación al punto más tenso de la larga carrera de ambos políticos. La indignación de Feijoo al escuchar las declaraciones del alcalde de Vigo, en las que escurría el bulto y recordaba las fotos de Feijoo «cuando fue la fusión», indignaron sobremanera al presidente gallego, que no se cortó en recordar la defensa a ultranza que en su día hizo Caballero de la gestión de Julio Fernández Gayoso, y como el Banco de España ignoró sus advertencias sobre el blindaje de los salarios de los responsables de la caja gallega.

El fin de Iglesias como líder de Podemos ya es creíble

¿Qué está pasando en Podemos? Los que miran con escepticismo el devenir del partido morado estaban convencidos hasta hace poco de que toda esa bronca entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón era poco menos que un paripé destinado a que la asamblea de Vistalegre II concluya con un gran abrazo de reconciliación entre ambos que acapare telediarios y portadas, y que insufle nuevos ánimos en una militancia a la, que tras el arreón inicial de Podemos, parece habérsele acabado la gasolina. Pero detalles como las críticas de Carolina Bescansa o el cambio de chaqueta interna de Luis Alegre hacen pensar a sus críticos que Podemos puede entrar realmente en crisis si acaban con Pablo Iglesias.

Moncloa tiene trabajo para forjar la relación con Trump

El día que Mariano Rajoy se levantó de la cama y leyó en el periódico que Donald Trump era el nuevo presidente de Estados Unidos, se ratificó en su dogma de que lo mejor es no mostrar nunca las cartas hasta que no sea absolutamente imprescindible. Aconsejado por sus asesores, y convencidos todos ellos de que no había posibilidad de que el magnate acabara en la Casa Blanca, Rajoy rompió sus tradiciones y envió claras señales de que el Gobierno español prefería una victoria de Hillary Clinton. Algo que ya está tendiendo consecuencias, en forma de ninguneo de Trump a Rajoy y a España. El discurso del nuevo presidente estadounidense no ha elevado precisamente la moral en Moncloa.

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