El Parlamento sucumbe a la balada del PP

La interinidad que vive la oposición rebaja la crispación política y alivia la presión sobre el Gobierno de Feijoo. El PPdeG tiene la sensación de vivir ahora la luna de miel que no tuvo hace ocho años


santiago / la voz

El contexto en el que se produjo la inesperada derrota electoral del bipartito PSOE-BNG no le permitió al PP de Feijoo disfrutar de un período de confort al empezar a desempeñar su nuevo cargo. La oposición mostró enseguida su vocación de desquite, en tanto Pachi Vázquez se envalentonaba para advertir que no concedería al nuevo Gobierno «nin cen días, nin cen horas, nin cen minutos» de gracia. La crisis, los recortes sociales alimentaron el nuevo clima de crispación política, que se agravó más si cabe a partir del 2012, con el regreso de Xosé Manuel Beiras al frente de AGE, que declaró su hostilidad manifiesta a Feijoo y a todo su elenco de conselleiros, a los que se reclamó de forma insistente la dimisión.

En cambio, la nueva legislatura es muy diferente a las anteriores. El tiempo político iniciado desde que tanto Mariano Rajoy, en junio pasado, como Núñez Feijoo, tres meses después, afianzaron su posición en las urnas, le restó potencia de tiro a una oposición empeñada en hacer todo lo posible para seguir enredada en el lío interno.

La crispación asociada a los plantes, expulsiones y zapatazos ha desaparecido de escena, a la par que los portavoces han recuperado un nivel mínimo de cortesía parlamentaria. Luís Villares, portavoz de En Marea, participa ahora en los actos institucionales de la Cámara cuando Beiras los boicoteaba. Y Fernández Leiceaga, en línea con la estrategia socialista dictada desde Ferraz, tiene cierta inclinación por dejar que se vea en público su concordancia con determinadas políticas del PP, algo con lo que siempre se mostraron muy renuentes tanto Méndez Romeu como Pachi Vázquez.

La renovación llevada a cabo tras las autonómicas del 25 de septiembre actuó como un dardo tranquilizador de la vida parlamentaria. En el PP no ocultan su sensación de estar viviendo al fin una verdadera luna de miel con la Cámara que relaja la presión sobre el Ejecutivo. «Esto ahora marcha al ritmo de balada, lo de antes era heavy metal», apunta un representante del partido conservador. 

Comparecencia aceptada

Prueba de que el PPdeG arrancó esta legislatura más relajado es la disposición mayor que parece mostrar el presidente de la Xunta a comparecer en O Hórreo por asuntos concretos, más allá de las preguntas que atiende en la sesión de control cada quince días. Por primera vez, Feijoo aceptó una petición conjunta de toda la oposición -En Marea, PSdeG y BNG- para comparecer el próximo martes ante la Cámara para rendir cuentas sobre los aspectos abordados esta semana en la Conferencia de Presidentes. En los cuatro años anteriores solo subió a la tribuna de forma extraordinaria para presentar el paquete de medidas anticorrupción, pues las explicaciones por las fotos en las que aparecía junto al narco Marcial Dorado las dirimió en una comisión de control ordinaria.

A excepción del BNG, que de la bancada izquierda es de largo la fuerza con mayor unidad interna, hay aspectos en los que la oposición se muestra más dura con sus portavoces que con el PP. En Marea tiene el listón alto para infligirle a Feijoo el daño que le reservó a Luís Villares al rechazarlo como portavoz y líder de la organización, del mismo modo que el PSdeG consumió casi más energía en cuestionar a su portavoz y candidato a la Xunta que en discutir las políticas del Gobierno gallego.

Si a esto se une que la económica está más estabilizada y que el contexto político tiende a la normalización, es más fácil palpar en toda su amplitud la sensación de confort que está teniendo el PP en el Parlamento. ¿Pero hasta cuándo va a prolongar esta balada? Pues hasta que la oposición quiera. O más bien, hasta que pueda. Lo que sí es evidente es que en tanto no celebren En Marea y el PSdeG sus correspondientes procesos internos para afianzar sus liderazgos y dotarse de nueva dirección, su potencia de fuego contra el PP se va ver mermada. Y en el caso del PSdeG, el rearme no se producirá antes del verano.

Claro que siempre queda el BNG que intenta resurgir en torno a Ana Pontón, muy laborioso en su labor de oposición, pero demasiado achicado de fuerzas como para poder preocupar seriamente a los de Feijoo.

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