Nadie duda de la intencionalidad de un fuego que recordó a los del 2006
10 ago 2016 . Actualizado a las 10:20 h.Pese a los pésimos augurios, los habitantes de Castroagudín pudieron volver ayer a sus casas. Alguna intoxicación leve por exposición al humo, vides y cultivos arrasados y un enorme susto en el cuerpo se antojan el menor de los males después de que el fuego cercase durante horas la aldea vilagarciana. Ramona Bouzas no durmió, como tampoco lo hicieron su marido, su hijo y la mayoría de sus vecinos. «Tivemos que botarnos ao monte para frear o lume con ramallos, a cen metros da casa, chorei o meu e o peor é que non vai parar aquí, van seguir ata que isto sexa como no 2006».
La fatalidad con respecto al fuego forma parte del imaginario colectivo en este enclave de la capital arousana desde que, hace diez años, las llamas se llevaron por delante el arbolado de Xiabre. Nadie duda de la intencionalidad de un incendio que ardió durante dieciocho horas tras declararse en la parroquia de Saiar, en el vecino municipio de Caldas de Reis. Los alcaldes de ambos concellos, la conselleira de Medio Rural y el delegado territorial de la Xunta estuvieron aquí. Algunos, como el regidor vilagarciano Alberto Varela, prácticamente hasta el amanecer. Claro que tal vez no hubiese sido necesario. Es lo que sostiene José Manuel Suárez, presidente de los comuneros de Saiar. Más allá de los helicópteros, de los dos hidroaviones y de las 32 brigadas, «cando tocou estar aquí, onde comezou o lume, sobre o terreo, nós quedamos sós, non veu nin unha soa motobomba, só medios aéreos», denuncia Suárez, al que no le faltan argumentos: «Se o lume vén por riba, polas copas dos eucaliptos, con este vento non hai quen o free, pero isto foi distinto, viña por baixo, nun monte limpo e ordenado; se tivésemos esas motobombas poderiamos telo freado sen que saltase a estrada de Fontefría», razona el responsable de la comunidad, cuyo reproche señala no tanto al despliegue cuantitativo de medios como a una deficiente coordinación: «En catro anos é a primeira vez que hai un incendio e ningún técnico da consellería fala con nós». La extrañeza se ha asentado también entre los comuneros de Cea, en Vilagarcía, quienes, como sus colegas de Caldas, llevan tres meses esperando que Medio Rural resuelva las subvenciones en materia de prevención.