Un millar de personas asistieron a una romería reivindicativa en esta isla ubicada en mitad de la ría de Pontevedra y bajo gestión de Defensa
02 ago 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Hace mucho tiempo que Tambo no recibía una avalancha tan grande de visitantes. Un millar de personas, embarcadas en siete catamaranes, «invadieron» este domingo la famosa isla del fondo de la ría de Pontevedra. Era como el día D en Normandía, pero en vez de luchar contra los nazis como en 1944, la cita impulsada por los comuneros de Combarro tenía como objetivo reivindicar un uso civil y público del enclave. Fue una ocasión única, ya que excepcionalmente este año se abrirá dos días el acceso a la ínsula. El próximo domingo, y con ocasión de una jornada divulgativa y deportiva impulsada por la asociación vecinal de Combarro, será la última vez en el 2016 que el público en general pueda pisar este paraíso.
La visita tenía su morbo para muchos vecinos que, acostumbrados a ver su silueta surgiendo del mar, se han preguntado muchas veces cómo es, qué se esconde entre los árboles y qué tal sienta esto de bañarse en el último reducto prácticamente virgen de las Rías Baixas. Tambo es un nombre que, en el imaginario colectivo, sugiere un lugar inaccesible y deshabitado, dotado de una playa de arena fina en un entorno paradisíaco.
Esta isla, que parece al alcance de la mano desde Marín y aún más desde Combarro, es como la Eurídice de la leyenda griega, aquella joven amada a quien Orfeo perdió por mirar atrás cuando casi estaban a punto de tocarse y salir de los infiernos a la luz del sol. Durante un siglo pocos han sido los afortunados que han podido poner el pie en la isla. Propiedad privada primero, de titularidad militar después, su acceso está restringido, aunque ya nadie la use. Hace décadas que sus polvorines están vacíos y que el enclave poiense perdió su valor geoestratégico.
Desde el 2002 está desafectada, pero sigue en manos de Defensa, para quien es más una carga que un beneficio, porque tiene que velar por su preservación sin poder usarla. Desde hace 14 años la antigua roca en forma de tortuga, como la asimilaban anteriores generaciones de pontevedreses, está pendiente de una decisión del Estado. Se trata de saber a quién o a quiénes se otorga. Si a la Xunta, a la Diputación, a los comuneros o al Concello de Poio.
El presidente de los comuneros de Combarro, Manuel Carramal, explicó que esta idea es una de las razones de la comitiva del domingo. «Los comuneros lo hacemos para reivindicar un uso público de la isla, que se haga el traspaso desde Defensa a la Diputación, a la Xunta o a un consorcio o lo que sea, pero que se haga ya y que se proceda al uso público de Tambo», recalca. No es una petición nueva. Vecinos, comuneros y Concello llevan años reiterándola.
¿Y qué tal se lo pasaron los que participaron en este inusual desembarco? A juzgar por sus comentarios y las imágenes que transmitieron por las redes sociales, lo disfrutaron mucho. El mar estuvo en calma, por lo que la travesía fue tranquila, y el sol calentó lo suficiente como para animar a la mayoría a darse un baño en una playa donde pocas personas y en contadas ocasiones del año pueden hacerlo.
Hubo tiempo también para hacer ejercicio con clases de zumba sobre la arena y se pudieron visitar los enclaves más emblemáticos, a la par que abandonados, de la isla.