Sin beca por sacar buenas notas

La interpretación literal de la norma deja sin ayuda a un estudiante ourensano por cambiar de título con un expediente ejemplar. Con el mínimo necesario sí la tendría


ourense / la voz

Abraham Carrera Groba es un joven estudiante de Ribadavia que, como otros muchos, se arrepintió de la titulación universitaria elegida en su primer curso. Estuvo un año en Ingeniería Industrial en Pontevedra y, pese a que no le gustaba, aprobó todos los créditos en los que se matriculó y obtuvo un 8,8 de nota media. Lo hizo gracias a una beca del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, pero ahora la ha perdido por una interpretación literal de la norma que básicamente le penaliza por haber sacado tan buenas notas. Si, en lugar de aprobar los 60 créditos en los que estaba matriculado, solo lo hubiese hecho con 39, el mínimo académico necesario, conservaría esa aportación económica.

El caso es que le denegaron la beca y para poder cursar sus nuevos estudios en la Escuela Superior de Ingeniería Informática de Ourense le dieron un plazo de diez días para hacer frente al pago de los 1.086 euros que costaba la matrícula. Los reunió con dificultades. Si había solicitado una ayuda es porque la necesita. En su casa, además de él, viven su hermano mayor, su abuela, su madre y su padre y todos se mantienen únicamente con el sueldo de este último, que es auxiliar de Farmacia.

Abraham Carrera le agradece su esfuerzo y ha iniciado una lucha administrativa e incluso política para recuperar la beca. Después de que sus alegaciones fueran rechazadas por la Universidade de Vigo en varias ocasiones, solo le quedaba presentar una reclamación directamente ante el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. «No caso de que fose novamente desestimada, porase en perigo a continuación dos meus estudos», dice el joven.

En otras palabras, tendría que plantearse dejar algo que se le da muy bien. Tres asignaturas de su vieja titulación, la de Ingeniería Industrial, la que no le gustaba, las aprobó con matrícula de honor. De hecho, explorando todas las soluciones posibles, Abraham está tratando de conseguir que algún profesor reconsidere la nota que le puso para así suspender y poder acceder a la beca de nuevo.

Cuando se la denegaron, la justificación que le dieron por escrito en la Universidade de Vigo se limita a decir que esa decisión se debe a «no reunir los requisitos establecidos en la resolución de la convocatoria». Al hablar con el departamento que se encarga de estos asuntos, le explicaron que el problema concreto que le afecta es un artículo de las bases para la concesión de estas ayudas que establece que «cuando se produzca un cambio de estudios universitarios cursados total o parcialmente con condición de becario, no podrá obtenerse ninguna beca en los nuevos estudios hasta que se acredite la superación en dichos estudios del mismo porcentaje de los créditos que se habían superado con becas en los estudios abandonados».

Abraham entiende que eso «tería sentido se perdes algún ano académico e o Estado ten que financiarte algún ano máis aparte dos catro habituais de bolsa». Eso, sin embargo, no le pasará a él precisamente debido a su ejemplar expediente académico. De sus viejos estudios logró convalidar 42 créditos y en su nueva Escuela Superior de Ingeniería Informática le permitieron matricularse «de xeito excepcional» en 78 créditos en lugar de los 75 establecidos como máximo por la normativa general gracias a su «rendemento extraordinario e co obxectivo de que non se producise un retroceso nos seus estudos». Está inscrito en todas las asignaturas de segundo y todas las no convalidadas de primero de modo que en este curso, si sigue aprobándolo todo, estará ya al mismo nivel que sus compañeros. «Así non perdo ningún ano e o Estado só me vai dar tres anos de bolsa en lugar dos catro normais», concluye.

Además de agotar todos los recursos administrativos posibles, el joven también le ha dado dimensión política al caso. Le envió una carta al alcalde de su municipio, Ribadavia, y este, que también es portavoz del PSOE en la Diputación, aprovechó ayer un pleno para poner su problema como ejemplo de las estrecheces económicas a los que se enfrentan las familias ourensanas. Así se hizo público un caso al que la Universidade de Vigo, consultada por este periódico, está estudiando qué respuesta dar.

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