«O ruído é insoportable, cando vén o aire nin tele, nin teléfono, nin nada»

Familias que viven cerca de parques eólicos aguantan a diario el fuerte zumbido de los aerogeneradores


Cándido Areán, de 54 años, vive con su mujer y su hijo en una casa en la parroquia de San Vicente de Argozón, lugar de Freán, en Chantada. A su alrededor hay cinco viviendas más y a un kilómetro escaso un parque eólico. Desde hace más de diez años, han tenido que aprender a convivir con los molinos gigantes de Monte Faro. «O ruído é unha salvajada, cando vén o aire, nin televisión nin teléfono nin nada», explica.

Dentro de las áreas de potencial eólico de la comunidad, incluidas en el plan eólico gallego, se sitúan más de 1.900 núcleos de población. Algunas casas se encuentran a uno o más kilómetros de distancia de los parques, pero otras, como las ubicadas en la aldea de O Roncudo, en Corme, donde a principios de año se desprendieron dos aspas gigantes, tienen a solo unos metros los enormes molinos.

En la parroquia del municipio lucense donde vive Cándido Areán, hay más familias, y también personas que residen solas. Por eso, el miedo a los aerogeneradores y a los accidentes que se puedan derivar de su funcionamiento está muy presente en sus vidas, sobre todo, cuando escuchan casos como el ocurrido en Corme. En Monte Faro «rompeu unha aspa hai tempo», aunque esta se quedó en el monte y no llegó al nucleo de viviendas «pero notamos un ruído moi forte».

Funcionan a diario

Los aerogeneradores funcionan prácticamente a diario, aunque cuando más los notan es por las mañanas y cuando hay niebla. Cándido Areán señala que con las aspas moviéndose, además del ruido, sufren otros problemas como perder la señal de la televisión o quedarse sin cobertura en el teléfono. «Sen embargo, cando non funcionan todo vai perfecto», destaca el vecino Aún así, dice resignado, «agora que lle imos facer, non os van a sacar, ¿non?».

Sara Rodríguez Miñones, de 55 años, vive junto a dos hermanos en la parroquia de Salto, en Vimianzo. «Somos dúas casas», explica, «logo máis abaixo hai máis». Más arriba, hacia el monte, están desde hace más de diez años los molinos del parque eólico de O Barrigoso, de titularidad municipal. Esta vecina confiesa que «o zumbido» de los aerogeneradores ya forma parte del sonido ambiente de la zona: «Xa estás afeito despois de tantos anos».

Dentro de la casa, apenas lo notan, es en el exterior donde más escuchan el ruido de los molinos de viento. «En inverno ao estar máis dentro da casa, daste conta menos que en verán», dice Sara.

Confiesa que no tiene miedo a que se desprendan aspas o un accidente similar, «a verdade é que non, non pensamos niso».

El parque municipal de O Barrigoso fue el primero de titularidad municipal en ponerse en marcha en Galicia. El alcalde de entonces quedó tan encantado con el primer parque de Vimianzo, que se gestó en el 96 aunque se inauguró seis años después, que decidió impulsar uno local.

Sara Rodríguez, al igual que otras familias que viven cerca de aerogeneradores, sufre problemas en la señal de televisión y en la cobertura de los móviles, «aínda que non lle sei se é polo parque eólico ou por que».

A 60 metros

En Corme, el miedo a que se repita el episodio de principios de mes está muy presente entre los vecinos, que viven muy cerca de los aerogeneradores. Incluso, algunas casas están a apenas 60 metros. Señalan que era algo que se veía venir. El ruido ha llevado a algunos vecinos de O Roncudo a dejar su casa, como contó María Luisa Alonso, aunque tuvo que regresar finalmente.

El plan eólico gallego del 2002 fijó en 500 metros la distancia mínima a una casa

El plan eólico gallego, que fue aprobado en el año 2002, establece que la distancia de los aerogeneradores a la vivienda más próxima debe ser de al menos 500 metros. En este documento se especifica que, aunque a 200 metros no se producen ya «molestias de ruido», las instalaciones eólicas deben distar al menos medio kilómetro de las «delimitaciones de suelo de núcleo rural, urbano o urbanizable sectorializado».

Sin embargo, muchos de los parques eólicos gallegos son anteriores a esa fecha, por ello en muchos de ellos no se cumple esa distancia mínima.

Es más, la mayoría de las instalaciones de la comunidad gallega, en torno al 70 %, son anteriores al 2004 y, por lo tanto, han rebasado ya los doce años de antigüedad. Muchos de ellos se instalaron, incluso, antes del año 2000.

Un estudio compara el ruido del aerogenerador a 200 metros con el de una oficina

Aunque el ruido es la principal queja de los vecinos que viven cerca de aerogeneradores, los estudios realizados hasta el momento revelan que su impacto acústico es menor. En el plan eólico gallego se incluyen datos sobre el ruido que puede emitir un molino de viento según la distancia. El documento establece que a una distancia de 200 metros un aerogenerador produce un nivel de unos 46 decibelios, comparables al sonido ambiente de una oficina o una biblioteca. Por eso, se detalla que la distancia mínima de 500 metros es más que suficiente para frenar el impacto acústico de los parques.

A 400 metros se establece que el ruido que llega del aerogenerador es comparable con el de una nevera. Cerca del molino es donde más elevado es el nivel de decibelios, llegando a parecerse a una aspiradora, e incluso mayor. Sin embargo, las quejas por el elevado ruido de los aerogeneradores es una constante, y es la principal molestia de los usuarios.

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