El fiasco de la alianza Anova-Podemos

El pacto fue solo un intento de aprovechar la ley electoral cada uno a su favor, pero las cosas se les han complicado a los dos


Madrid / La Voz

Cuando allá por el mes de julio Pablo Iglesias viajó a Galicia para convencer a Xosé Manuel Beiras de la necesidad de que las mareas concurrieran a las elecciones bajo el paraguas de Podemos, conocía ya la propensión de la izquierda radical y el nacionalismo gallego hacia el caos y la atomización. Y por eso huía de conformar una coalición al estilo de la que ya había decidido formar en Cataluña. Iglesias ofreció a Xosé Manuel Beiras encabezar la lista de Podemos al Congreso, creyendo que así desbloquearía el acuerdo, pero el viejo profesor demostró conocerle bien, rechazó ese abrazo del oso y le forzó a aceptar que fuera Podemos quien se disolviera en la candidatura de las mareas.

Ese acuerdo fue en realidad un complicado juego político en el que todos creían estar engañando al otro y en el que todavía no se sabe quién se ha salido con la suya. Iglesias, por ejemplo, se comprometió firmemente a que En Marea formaría un grupo propio en el Congreso en el que se integrarían los diputados de Podemos elegidos en Galicia, a pesar de saber ya perfectamente que no había ninguna posibilidad de que tal cosa sucediera porque nunca sería aceptado por la Mesa del Congreso. Así lo había advertido ya con anterioridad la propia Carolina Bescansa. Iglesias buscaba por tanto simplemente aprovechar la fuerza de las mareas para ampliar su número de diputados en el Parlamento.

Pero también Beiras y los suyos entraron en ese acuerdo con la única intención de aprovechar el empuje de Podemos para llegar al número mínimo de diputados necesario para conformar un grupo y con el plan premeditado de desmarcarse inmediatamente de Podemos y del liderazgo de Iglesias en el Congreso una vez celebradas las elecciones. El resultado lógico de ese juego de pillos es el caos y la división que se está produciendo en la alianza En Marea, que se evidencia en el enfrentamiento del líder gallego de Podemos, Breogán Rioboo, con Anova y con Pablo Iglesias, y también en la reunión que mantendrán con el rey, a la que acudirán con dos representantes, uno de Podemos y otro de Anova.

Lo que ha ocurrido en Galicia es muy similar a lo que ha sucedido en la Comunidad Valenciana con Compromís y en Cataluña con En Comú Podem, y constituye en realidad un fraude no legal, pero sí político, dado que muchos votantes de Anova y de Podemos han votado creyendo que estaban defendiendo un único proyecto político, cuando se trata en realidad de dos proyectos muy distintos que solo han concurrido juntos para tratar de aprovechar, cada uno a su favor, la ley electoral. Y ahí está la clave, porque, por más que se pretenda equiparar con casos anteriores, no hay ningún precedente de dos partidos que concurran a las elecciones en una candidatura para luego separarse en dos grupos distintos. Ahora tendrán que vivir juntos, pero reñidos.

La jugada le ha salido mal a Anova porque no habrá cuatro grupos, aunque está por ver como acaba el enredo. Pero también a Iglesias las cosas se le complican. Su estrategia era buscar la repetición de las elecciones, convencido de que superaría al PSOE. Pero, después del fiasco con las coaliciones en Galicia, Valencia y Cataluña, le va a ser muy difícil reeditar esas alianzas en las mismas condiciones.

Rajoy prefiere ir a las urnas antes que ofrecer su cabeza

El tablero político surgido de las elecciones es tan diabólico, que las expectativas cambian cada día. A nadie se le escapa que las cosas están muy difíciles para Rajoy. Pero, si en un principio en Génova estaban convencidos de que la repetición de las elecciones podría ser peligrosa para el líder del PP, ya que se alzarían voces proponiendo un cambio de candidato, ahora esa opción puede ser la mejor para Rajoy. En Génova empiezan a ver bastante posible que la solución al actual bloqueo pase porque el PSOE y Ciudadanos exijan la cabeza de Rajoy para dejar gobernar al PP. Y el Ibex presionaría a Rajoy para que acepte ese sacrificio. De ahí que el líder popular empiece a apostar por repetir los comicios.

El futuro de Pedro Sánchez marcará el de Besteiro

Desde que Zapatero se viera obligado a abandonar el liderazgo del PSOE, sobrevivir en el partido no ha sido tarea fácil. Muchos se quedaron en el camino por apostar a caballo perdedor. Primero con Rubalcaba, luego con Chacón y después con Madina. La interminable batalla ha dejado el campo lleno de cadáveres políticos y los que, por suerte o por lucidez, apostaron por Pedro Sánchez son los que, hasta ahora, han salido beneficiados. Eso es lo que, por ejemplo, le permite a José Ramón Gómez Besteiro seguir vivo en el PSdeG pese a su imputación. Y, por lo mismo, parece imposible que el líder de los socialistas gallegos sobreviva si Sánchez no es capaz de gobernar y muerde el polvo ante los barones.

Los grandes espectáculos en el Congreso van para largo

El pasado miércoles, lo que pudo verse en el Congreso fue, más que un acto político, un verdadero espectáculo bien diseñado y con un guion muy preciso de Podemos con el objetivo de acaparar todo el protagonismo, dado que había salido como el gran derrotado en la primera gran negociación de la legislatura, la de la elección del presidente y la Mesa del Congreso. La jugada le salió doblemente bien porque las furibundas reacciones del PP y de una parte del PSOE contra las provocaciones de Podemos eran precisamente lo que buscaban los de Pablo Iglesias. Lejos de haber terminado, esa estrategia va a ir en aumento. Y el PP y el resto de grupos tendrán que aprender a no caer en ese señuelo.

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