El partido de Albert Rivera está encontrando grandes dificultades para su implantación en Galicia, donde está llamado a ser socio preferente del PP
19 abr 2015 . Actualizado a las 05:00 h.«Ese era uno de los nuestros». De este modo informal se refirió Alberto Núñez Feijoo, presidente de la Xunta y líder del PPdeG, al número uno de Ciudadanos en Galicia, Javier Chouza, concejal en Boiro, localidad coruñesa donde su apellido familiar todavía despierta alguna reverencia. Basta con hacer un breve repaso a la biografía de este político desconocido para el gran público para que afloren en toda su amplitud las vinculaciones entre los populares y los representantes del partido de Albert Rivera, formación que está irrumpiendo con fuerza en la escena estatal, pero que se sustenta sobre pies de barro en Galicia, por mucho que una prestigiosa cabecera como The Wall Street Journal considere al líder de Ciudadanos como el «actor clave» del futuro político de España.
Feijoo no se equivocó. Javier Chouza era uno de los suyos. Este capitán de la Marina Mercante, vinculado al servicio de Salvamento Marítimo de A Coruña, es nieto, hijo y sobrino de una saga de políticos boirenses. Su padre, el industrial Jesús Chouza Toucedo, fue alcalde durante doce años, pero durante el franquismo, cuando los alcaldes hacían todo por el pueblo pero sin el pueblo, lo que no es óbice para que fuera igualmente cercano y muy querido.
En política, el ahora número uno de Ciudadanos en Galicia vivió prácticamente de las rentas asociadas al buen recuerdo que dejó la gestión local de su padre. Era cuestión de tiempo que llamara a la puerta del PP. Lo hizo en el 2007, convirtiéndose en concejal, pero le dio portazo al partido de la gaviota al no lograr convertirse en el 2011 en cabeza de lista. Fundó entonces Unión Popular de Boiro y se garantizó su elección como edil antes de fichar hace unos meses por el partido de Rivera.
Acuerdos con el PP
Javier Chouza, que nunca negó la posibilidad de llegar algún día a acuerdos con el PP, transitó en cuatro años por tres partidos políticos diferentes. Es algo que abunda entre los nuevos partidos, pues también el líder de Podemos en Galicia, Breogán Rioboo, deambuló por la organización juvenil del BNG y por Alternativa Galega de Esquerda (AGE) antes de embarcarse en el proyecto de Pablo Iglesias.
La trayectoria política de Chouza y el caso de los mensajes de WhatsApp que la líder de Ciudadanos en A Coruña, Lola Prieto, intercambió con un diputado del PP hasta el punto de provocar su defenestración como candidata, revela que las relaciones entre los partidos azul y naranja son mucho más fluidas que con otras formaciones.
Y el resultado es que el PP, por fin, ya está en condiciones de tener ante sí un actor de factura ideológica más liberal con el que puede entenderse y llegar a acuerdos, del mismo modo que en el ámbito de la izquierda el PSdeG y el BNG acostumbran a tenerse siempre el uno al otro, dinámica que está por ver si se mantiene con la llegada de Podemos y las llamadas mareas .
Pero pese a las grandes expectativas electorales que se crearon en torno a Ciudadanos, lo cierto que este proyecto todavía está a medio modelar. Las elecciones municipales, las más pegadas al ciudadano y donde suele tirar más la ejemplaridad local que la gran marca, se están convirtiendo en un infierno para partidos sin apenas estructura ni implantación territorial, como es el caso de Ciudadanos y Podemos.
Militancia por Internet
Con la nueva cultura política, que reparte la militancia por Internet, es fácil que en una organización entre de todo. Podemos puso prevenciones ante esa posibilidad renunciando a presentarse con su marca a las elecciones locales. Ciudadanos optó por presentarse, pero no sin antes auditar cada una de las candidaturas y los currículos de quienes las integran. Eso le llevó a descubrir sus pies de barro en ciudades clave como A Coruña, Ferrol y Ourense, donde desautorizó sus listas, aunque finalmente en Ferrol decidió concurrir tras una reunión celebrada ayer.
El partido naranja se conforma con registrar mañana, cuando se cierra el plazo, doce candidaturas de las 314 posibles en Galicia. La cifra es tan discreta que parece desmentir al mismísimo Wall Street Journal. A este ritmo, el PP todavía va a tardar en disponer de un aliado preferente en su principal granero.