«Esto nunca va a ser como fue»

La clase política de Fuerteventura cree que la época de la construcción desaforada y de los grandes ingresos no va a volver: «Aquello no era normal», dicen


carballo / la voz

La imagen clásica, y cierta, de los gallegos en Fuerteventura (12.000 al menos hasta hace una década) es la de trabajadores de la construcción y el turismo. Es correcta, incluso en la actualidad -muy reducida-, pero no la única. Los gallegos han llegado también a destacados puestos de la Administración o la empresa, la sanidad y el mundo jurídico, el periodismo y hasta la notaría (ahora mucho más tranquila que en los años duros). Incluso durante los tiempos de llegada masiva de pateras, buena parte de los guardias civiles que vigilaban la costa este procedían de Galicia. Sobre unos y otros, la clase política local tiene una excelente imagen, fruto de años de relación.

 

El alcalde

Marcial Morales. Marcial Morales Martín, de Asamblea Majorera-Coalición Canaria, lleva tres mandatos al frente del Ayuntamiento de Puerto del Rosario, la capital de Fuerteventura (36.000 habitantes, un tercio de la isla). Ha visto de cerca la evolución de esta comunidad en los 12 años que lleva en el primer sillón. «Ha bajado mucho, pero sigue habiendo bastantes. De hecho, los gallegos son el grupo más abundante no canario, con dos mil personas en el municipio, frente a los 1.500 de Andalucía o los 700 de Italia». Y comienzan los elogios. «Se han integrado muy bien. De hecho, se han integrado mejor que cualquier otra comunidad. La segunda generación ya habla majorero. El clima lo valoran mucho, porque aquí se trabaja con sol. Y la tranquilidad». Recuerda como fueron llegando, al calor del trabajo: «Primero, los albañiles para las cuadrillas. Después llegaban las mujeres y los hijos. Incluso los abuelos. Y nunca hubo problemas, al contrario: a los gallegos se los valora mucho, son gente trabajadora». Hasta se apoya en los datos que cada lunes le pasa la Policía Local sobre incidencias para reforzar su idea de que no han dado problemas jamás. «El gallego viene a trabajar y nada más».

Un trabajo que se vino al traste con la caída del empleo: «Fue un golpe brutal, que atacó sobre todo a esa población flotante. Y la gente de la construcción se aclimata mucho peor a otros sectores, de ahí que el problema se agrava». Cree que poco a poco volverá la normalidad. «Hay dinero, pero muchos que lo tienen con la crisis lo escondieron», señala. Pero no volverán los años de la fiebre del oro: «Nunca va a ser como fue. Afortunadamente. Remontará todo muy despacio. En la renovación y la rehabilitación está la clave». Sobre todo, con un parque de 3.000 viviendas vacías o inacabadas solo en Puerto del Rosario, con las que hay que hacer algo. Son de los bancos y hablan con ellos para que al menos las terminen. Esos tiempos también eran de grandes ingresos para las arcas municipales: «Entraban 40 licencias semanales. Y ahora, nada. Cuando llega una obra, ¡en la junta de gobierno aplaudimos! (risas)».

 

El presidente del Cabildo

Mario Cabrera. Morales optará al Cabildo en mayo, una presidencia que ahora tiene su compañero de partido Mario Cabrera, que a su vez podría acceder al Parlamento de Canarias. Cabrera también es un veterano de la política que ha visto el ascenso y la caída de la construcción: «Éramos el territorio europeo que más crecía con diferencia, duplicando la población en pocos años, con los correspondientes problemas en infraestructuras». Y la llegada de gallegos. «Lo llevamos muy bien, nunca hubo choques. La gente se ha integrado de manera espectacular. Los consideramos uno más, porque lo son. La vida de muchos ya está aquí. Echaron raíces y, a pesar de la crisis, deciden quedarse». Lamenta que del pleno empleo se haya pasado a 11.000 parados. «Hay economía sumergida, pero también familias con muchas necesidades».

Evoca los años de la «locura de la construcción». Quedaron por construir 55.000 camas turísticas planeadas a mayores de las 85.000 que ya había, algo insostenible. Ahora, su Gobierno opta por renovar y garantizar la calidad. No quiere que vuelvan aquellas épocas: «Con el bum de la construcción, ganaron unos pocos, y perdimos todos los demás. Algunos de los que se marcharon dejaron atrás hasta las herramientas».

 

El secretario del Cabildo

Miguel Ángel Rodríguez Martínez. A unos metros del despacho de Cabrera tiene el suyo Miguel Ángel Rodríguez Martínez, secretario del Cabildo. Llegó tras una breve estancia en Galicia, tras sacar la plaza y ser habilitado nacional, y salvo un pequeño paréntesis -en el que incluso trabajó para Rubén Blades cuando era ministro- siempre ha desarrollado su trabajo en Fuerteventura. Son 25 años en los que han pasado por sus manos jurídicas todo tipo de asuntos, y ha visto como pocos el crecimiento. «Aquello no era normal», resume. El auge de la construcción residencial, amparada por la vacacional, fue excesivo. «Y no se generaba empleo, solo en el andamio. El turismo sí lo genera». Cree que ahora el camino es el correcto: han avanzado mucho en planificación, depuración, nuevas energías....

Nada que ver con 1989, cuando llegó: «Había que hacer cola en la calle para llamar en el locutorio, recorrer 70 kilómetros para la compra o recurrir a los camiones cisterna para el abastecimiento de agua». Incluso el avión te esperaba en el aeropuerto si avisabas de que llegabas un poco tarde (no lo dice de broma). Hoy es otra cosa: «Tranquilidad, seguridad, gran calidad de vida».

El director del parque tecnológico

Eduardo Pereira. Ingeniero aeronáutico, funcionario del cuerpo nacional de estos profesionales, compañero de carrera de Pedro Duque, Pereira, de O Carballiño, llegó por un breve tiempo para dirigir el aeropuerto de Fuerteventura y ya lleva 21 años. Su mujer, también gallega, es médico en el hospital de Puerto del Rosario. Ahora es el director del Parque Tecnológico, la tercera vía para el futuro de Fuerteventura: un gran espacio de tecnología y superficie para que se implanten las empresas innovadoras y desarrollen sus proyectos a un precio muy asequible y ventajas fiscales. El de Ourense, dice, es un ejemplo a seguir. Inaugurado recientemente, muestras las instalaciones (paradójicamente, sobre la pista del antiguo aeropuerto), sostenibles, con orgullo, y con ansia de que poco a poco vayan ganando vida, de la que necesariamente se beneficiará toda la isla.

Recuerda el bum con dos ejemplos. Uno: «Tenía en el aeropuerto obreros que me doblaban el sueldo». Y otro: «Sacábamos plazas fijas para mantenimiento y la gente no las quería, quedaban desiertas. Preferían ganar más. Después, muchos se han arrepentido».

 

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