Quizás algún despistado se pregunte a estas alturas por qué Feijoo ha decidido darle al botón y resetear el PP de Vigo. Pero la cuestión no es esa. Lo extraño es que haya tardado tanto tiempo en hacerlo. Se daba la paradoja de que allí donde tenía el alcalde más crítico y más duro con su gestión y la del Gobierno central era precisamente donde se ejercía la oposición más blanda. Ahí sí cabe preguntarse por qué. ¿Por qué el líder del PP vigués, José Manuel Figueroa, ha estado contemporizando durante tanto tiempo con Abel Caballero? ¿Por qué razón ha llegado a pactar, sin obtener con ello ningún rédito para su partido o para la ciudad, con la persona que más ha atacado (la manifestación contra las cajas con Gayoso de estilete), más se ha burlado (el Meco del Carnaval con la cara del dirigente popular ardiendo en la Puerta del Sol) y más ha insultado (al insinuar que quería matar a los enfermos) al presidente de la Xunta de Galicia? El desembarco de Elena Muñoz abre una incógnita que solo disgustará a quienes deseaban asegurar la mayoría absoluta del PSOE. Lo lógico, desde el punto de vista del PP, era depurar y reiniciar el equipo. A ver qué pasa.