Los expertos creen que el atracador que salió del banco de Vigo con una rehén no tenía la menor intención de negociar y disparó al verse acorralado por 4 policías
10 dic 2014 . Actualizado a las 16:45 h.Fue una situación de tensión extrema en unos segundos que resultaron mortales. El atracador del banco de Vigo vio que dos policías lo habían descubierto al mirar por la ventana y salió, pistola en mano, con una rehén como escudo humano. Pero al girarse en la calle Doctor Carracido se vio acorralado por otros dos agentes que subían a pie por su flanco izquierdo. Se trataba de Vanessa Lage y el subinspector Vicente Allo. Se miraron frente a frente y Vanessa le dijo: «Tranquilo, calma, no te pasará nada». Fueron sus últimas palabras porque cayó acribillada, lo mismo que su compañero, ingresado en la uci.
Amigos de la víctima aseguran que esta tenía un talante «negociador» y que siempre intentaba hablar para arreglar un conflicto aunque «si hacía falta, sacaba todo su genio». Ese día iba con el jefe del grupo y no con su compañero habitual por un cambio de turnos en los relevos. Este último fue uno de los 4 guardias de honor que velaron el féretro.
La policía quiere hablar con todos los testigos para aclarar algunos detalles que no cuadran. Por ejemplo, un peatón, que estaba a un metro del tiroteo, asegura que solo habló el atracador, que apuntó a los cuatro agentes y les dijo: «Soltad las armas» y luego disparó primero. El testimonio es verídico porque, antes de ser identificado, ya sabía que el asaltante era español porque oyó su acento. Añade que Vanesa y Vicente corrieron a ponerse a cubierto detrás de un coche y que la agente fue alcanzada al asomarse a mirar.
El portavoz del sindicato UFP, Agustín Vigo, por los relatos que le han llegado, asegura que la mujer policía «quiso decir la palabra ?tranquilo? pero no le dio tiempo a articular nada más porque el atracador le descerrajó un tiro». En ese sentido, un vecino que vio el tiroteo parapetado desde una esquina insiste en que no oyó voz alguna. Dice que los agentes tenían las pistolas desenfundadas a la altura del muslo y colocados «como en las películas» y que el atracador disparó «sin mediar palabra». Y otro testigo que se escondió en un garaje asegura que primero hubo dos tiros cuando los agentes dieron el alto y luego siguieron ocho o diez, pero otros hablan de una «traca» de 15 o 20 que «parecían petardos».
Ante la disparidad de versiones, la comisaría va a abrir una investigación interna la próxima semana y citará a todos los testigos para reconstruir los hechos. Una testigo clave es la rehén, la subdirectora de Abanca en O Calvario, M. E. G., que guarda silencio en su cama del hospital Povisa mientras descansa después de ser herida en un brazo y superar la operación quirúrgica. Su marido se limitó a decir ayer que «está bien de ánimo pero ni ella misma sabe si la hirieron de un balazo en el brazo al escapar del atracador o antes. Estuvo muy poquito con el atracador, fue salir y ya [hubo el tiroteo]». Lo que cuenta un allegado es que ella escapó en el momento en que las balas alcanzaron al atracador.
«Les costaba disparar»
Todo apunta a que fueron los dos agentes de la patrulla zeta que llegaron primero al banco los que derribaron al asaltante mientras la rehén huía. Un compañero relata que a los dos patrulleros «les costaba disparar porque no se creían lo que estaba pasando, nadie se espera esto». Están apesadumbrados por el trágico desenlace. «Lloró mucha gente en la comisaría», dice Vigo.
Todos los testimonios conducen a la misma conclusión: el atracador no tenía la menor intención de negociar una salida. Así lo sospecha un veterano policía experto en atracos y mediación con rehenes y que ayer asistió a la capilla ardiente. Todo hace pensar que «esta persona no quiso negociar. Normalmente, sueles hablar y buscar un medio de escapar. Pero él salió a quemarropa, a disparar, ni dio posibilidad de buscar una solución pacífica. Llevaba la idea de que o le salía bien el atraco o no salía de allí». Los expertos coinciden en que «fue una situación ilógica, el asaltante actuó sin tener apego por la vida». El hecho de que fuese armado al banco con una pistola automática del mismo calibre que la policía y dos cargadores «es porque los iba a usar».
El testigo Javier Ferreira cree que «aquel hombre parecía actuar como un suicida, sabía que de allí no iba a salir». La actitud del atracador indignó también a unas vecinas que visitaron ayer de la capilla ardiente de la policía: «Es mejor rendirte e ir a la cárcel que morir a tiros». Y el alcalde de Vigo calificó su ataque de «brutal, saliendo a tiros».