Anova espera el flotador de Podemos

El partido de Beiras sale debilitado de su asamblea y fía su futuro a una alianza con Pablo Iglesias. El sector crítico agrupado en Cerna decidirá en una votación sobre su escisión


santiago / la voz

En la capitanía de Alternativa Galega de Esquerda (AGE) se instaló el culto a Podemos tras las elecciones europeas. Lo profesan con devoción en el partido de Xosé Manuel Beiras, Anova, y también sus aliados de Esquerda Unida, con Yolanda Díaz a la cabeza. Unos y otros ya dictaron la debida observancia de cada movimiento de Pablo Iglesias Turrión, conscientes de que, a su lado, puede situarse su futuro. Y más ahora si cabe, que Anova se hizo anciana en sus dolencias internas y que AGE parece no bastarse por sí sola para seguir creciendo electoralmente.

Anova fue constituida hace algo más de dos años por Beiras y sus colaboradores para canalizar el descontento ciudadano con la crisis, los recortes sociales o las políticas de la troika, y de paso remover los marcos de los partidos políticos. Todo eso es lo que ahora mismo representa Podemos, pero a nivel de Estado y con mucha más potencia de tiro mediático, lo que le está provocando que la plataforma de Iglesias reemplace sobre el treno al partido de Beiras.

El resultado es visible. Anova perdió ante Podemos parte del atractivo y la mística de la que se rodeó al nacer, hace más de dos años, cuando un buen puñado de seguidores de Beiras, los irmandiños, abandonaban el BNG decididos a erigirse en actores políticos de primer orden. Para ello se sometieron a una dieta de engorde. El Encontro Irmandiño ganó una talla y derivó en el Novo Proxecto Común, que a su vez sumó un par de tallas más al refundirse en Anova con fuerzas como la FPG, MpB o FOG, rebotadas antes del BNG o la CIG.

Con la creación posterior de AGE se siguió priorizando la musculatura a la coherencia ideológica entre las partes agrupadas, lo que explica que Anova sea hoy una formación rota casi en dos mitades, sin darse opción siquiera a que la una pueda integrar a la otra y compartir un proyecto común. Es algo inaudito que nunca llegó a producirse en, por ellos, denostado BNG, pues en su máximo órgano, el consello nacional, siempre acomodó a toda la pluralidad interna, mientras que en Anova el 45 % está excluido de su coordinadora nacional porque estorba o porque se hace estorbar.

La foto que dejó la asamblea de Anova de la semana pasada no es buena, pues limita su mensaje hacia fuera. Si los de Beiras no son capaces de hacer una «fronte ampla» entre ellos, difícilmente pueden aspirar a formarla con otras fuerzas. Pero así están las cosas.

Está por ver ahora qué ocurre antes la cita electoral de las municipales. Por lo de pronto, en Anova se ha iniciado ya un goteo de bajas de militantes, que recelan del espacio que se e entregó a la FPG.

La descomposición puede ser todavía mayor si el colectivo Cerna, la corriente crítica de Anova liderada por Mario López Rico y Luís Eyré, decide escindirse dando un salto al vacío. Por lo de pronto convocaron un referendo para pronunciarse. Su salida, en todo caso, sería el tiro de gracia para Anova, que se perdería la savia de sus fundadores.

Con el rumbo que han tomado los acontecimientos, a Anova solo le queda esperar por un flotador que le permita confluir en alguna operación con Podemos, y si es en las municipales, mejor. Aunque los de Pablo Iglesias si de algo son celosos es de frescura y su marca, así a que a Anova también puede acabar diluyéndose mientras espera.

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