Muerte entre las ruinas de un asilo

María Jesús Fuente Decimavilla
maría jesús fuente VIGO / LA VOZ

GALICIA

M. MORALEJO

Cuatro okupas han fallecido este año en la residencia comprada por Karpin

26 sep 2014 . Actualizado a las 09:09 h.

El que iba a ser el proyecto urbanístico más ambicioso de Vigo de los últimos años de la mano de los exfutbolistas célticos Valery Karpin y Michel Salgado agoniza entre ruinas y cadáveres una década después de iniciarse la operación. En la actualidad solo quedan escombros y mugre, una inmundicia difícil de imaginar.

En lo que va de año cuatro de los okupas que se refugiaban entre sus paredes han perdido la vida, la mayoría por enfermedad, adulteración de drogas y sobredosis. Pero los fallecidos son muchos más. Raúl Carlos, un portugués que lleva malviviendo en el inmueble siete años recuerda sin mucho esfuerzo entre ocho y diez compañeros muertos. El último, el pasado día 12.

Ayer, el colectivo de autoapoyo Imán organizó un homenaje ante la puerta principal de Pi y Margall con la colocación de un ramo de flores y la lectura de un comunicado en el que denunciaba que los partidos políticos se peleen por financiar las obras del estadio de Balaídos y no se inmuten a la hora mejorar la vida de estas personas. En opinión de Antón Bouzas, portavoz del grupo, lo único que hacen es tapiar los lugares en los que se refugian estos ciudadanos sin recursos cada vez que salen a la luz pública.

El acto concluyó entonando No dudaría, de Antonio Flores, y con una visita a lo que queda de las instalaciones. «Ante tanta frivolidad conviene visualizar la miseria de aquí dentro», justificó Bouzas.

En la actualidad residen en el antiguo asilo entre trece y quince okupas. Quien más y quien menos se ha creado su propia habitación en la que se incluye un colchón, mesita, taburete y cajón. Hacerse con un armario es todo un lujo por la dificultad que entraña introducirlo en el edificio, al permanecer cerrado el acceso principal y tener que hacerlo por un hueco en la parte posterior. Esta carencia es sustituida en el mejor de los casos por montañas de bolsas de plástico y papel de todo tipo de firmas. Otras veces ni siquiera es posible recurrir a esta alternativa ante el tamaño mínimo de algunas estancias, una especie de zulos que no llegan a ocho metros cuadrados.

Uno de los cuartos está habitado por una pareja y del siguiente sale un hombre cubierto solo con una toalla. Su sueño era crear un jardín y a duras penas lo ha conseguido. En el suelo de una de las estancias, entre escombros y residuos, se intuye una enredadera, ortigas y alguna planta irreconocible. «Yo aquí vivo de maravilla porque tengo jardín y vistas a las ría», suele comentar con ironía este residente. Tanto él como el resto defienden este espacio con uñas y dientes cuando llevan un tiempo porque es el único que les ofrece seguridad. Buena muestra de lo que se cotiza es que en cuanto muere uno de ellos aparece otro de inmediato a ocupar la habitación. Y eso, dicen, que últimamente cuando fallecen se trata con mucho sigilo. Sospechan que lo hacen para que no se entere la gente. Huyen del albergue público porque solo les permite estar diez días seguidos y eso, para ellos, es mucho trajín.

Cuando se les habla de los repetidos incendios que sufre el edificio en invierno, lo achacan a los cigarrillos, las velas y al descuido de algunas personas, algunas de las cuales, dicen, ni siquiera son residentes.

Si sor Dolores, la monja más veterana del asilo durante muchos años, levantara la cabeza, no se lo podría creer. Ya en el 2011 declaraba: «Es un dolor ver así el asilo, es una vergüenza para Vigo, yo no sé como permiten eso, no quiero ni verlo». De Karpin opinaba: «El ruso es buena persona, cumplió con nosotras y nos pagó al mes siguiente». Esa cifra permitió a las hermanitas trasladarse a otra construcción nueva más cerca de la playa.

El futbolista se hizo con el edificio del asilo por ocho millones de euros en el 2003 tras una operación complicada que requirió siete meses. La idea era urbanizar una parcela de 23.000 metros en el denominado Barrio do Cura, en la que se incluye el asilo. En ella estaba previsto inicialmente construir 400 viviendas y reservar 12.000 metros cuadrados para actividad industrial. Otros 1.500 serían para dotaciones.

Problemas urbanísticos, entre ellos el retraso en la aprobación del plan especial, fueron retrasando la operación hasta dar de lleno con la crisis. En ese tiempo los créditos fueron venciendo y obligaron a la refinanciación. Los bancos amenazaron con ejecuciones hipotecarias del Barrio do Cura, aunque finalmente optaron por conceder una serie de prórrogas y fueron suspendidas a la espera de financiación. Así sigue en la actualidad.