Carlos Bergantiños, de «filántropo» a buscado por el FBI

El marchante Carlos Bergantiños, embajador del Rotary Club de Nueva York, colaboró con las víctimas del huracán «Sandy» y sufragó varias operaciones en la República Dominicana


Redacción / La Voz

A los ojos de la comunidad, el marchante Carlos Bergantiños es un hombre generoso. «Non sei que faría, pero é boa persoa. E nos consta que pagou varias operacións na República Dominicana», explicaba hace unos días en su pueblo natal uno de sus allegados. Esos comentarios de sus compañeros de juventud coinciden con algunas de las noticias que hablaban de sus actividades altruistas en Nueva York, más allá de las sospechas del FBI sobre su supuesta implicación en una trama de falsificación de obras de arte y blanqueo de capitales. Porque mientras por una parte su nombre y el de su expareja comenzaban a ser relacionados por la prensa norteamericana con el escándalo que provocó la clausura de la histórica galería Knoedler, por otra continuaba hablándose de él como un gran benefactor.

De hecho, el propio abogado de dos de las supuestas víctimas de la trama sospecha que los fondos obtenidos por la comercialización de una de las últimas obras presuntamente falsas realizadas supuestamente por el chino Pei Shen Qian fueron destinadas a una oenegé.

Las pruebas de su filantropía están recogidas en varias publicaciones de República Dominicana y Estados Unidos. En junio del 2012, meses después del cierre de Knoedler, algunos periódicos digitales dominicanos publicaban cómo Carlos Bergantiños había sufragado los gastos de la operación de una menor dominicana, Wilmedis Soto Tejada. Esta, abandonada por sus padres, no podía levantarse de la cama debido a que había sufrido unas graves quemaduras. La nota explicaba que el gallego había conocido la noticia a través de la cadena Telemundo-47, NBC, de Nueva York, y rápidamente se había ofrecido a ayudar.

Justo el mismo artículo recordaba que «el señor Bergantiños tiene una larga trayectoria en la ayuda a necesitados. Es bien conocido que gracias a su generosidad más de treinta niños recibieron el regalo de la vida cuando él costeó sus operaciones de corazón». Además hablaba de que colaboraba con el Hogar de Doña Chucha, en Santo Domingo, y que era padrino del Hogar de Ancianos de San Antonio de Padua.

Este periódico trató de contactar con la directora del Hogar de Doña Chucha para preguntar por las donaciones de Bergantiños, pero no estaba en el centro al encontrarse de viaje en Roma para acudir a la canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII. De todas formas, en la página web de la entidad piden ayuda porque, como indican, en torno a un 90 % de los que colaboraban con ellos no lo hacen ya.

Víctimas del huracán

Unos meses después de la publicación de aquel artículo, el Rotary Club de Nueva York -una sociedad de personas con posibles que se reúnen periódicamente con el fin de desarrollar labores filantrópicas-, del que al menos hasta diciembre del 2012 era embajador, organizó su celebración anual en apoyo ese año a la Fundación de Víctimas del huracán Sandy. Su paso por Nueva York había destrozado la obra y los estudios de varios artistas de Brooklyn que vieron cómo el trabajo de varios años desaparecía en minutos arrastrado por el viento. El evento estaba patrocinado por los amigos de la Casa Ronald McDonald y apoyado por Turkish Kitchen Ilgar Peker. Bergantiños donó el vino. Era rioja.

Ante esta labor filantrópica hay también algunos que piensan que su perfil generoso responde además a un afán de notoriedad que proviene ya de sus tiempos mozos. «Un día presentouse voluntario para tourear cun touro de mentira que traían uns feirantes», explica un compañero de aquella época.

Y otros vecinos de Parga, en Guitiriz, dicen que es verdad que a lo largo de los años se veía que «era amigo de saír nos xornais porque aparecía por moitas cousas».

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