Los vecinos de Cabanas se reunieron en memoria de Elisa, asesinada hace seis meses, y pidieron que el ritmo de la investigación no decaiga
03 mar 2014 . Actualizado a las 09:41 h.La tristeza, el estupor, la rabia y el desconcierto que -como recordó Beatriz Carbón, vicepresidenta de la Asociación de Mulleres Cabanas Rural- provocó el asesinato de su vecina María Elisa Abruñedo, el 1 de septiembre del 2013, se avivaron en la concentración celebrada ayer en el polideportivo de Lavandeira. «Quedamos sen fala». Entonces y seis meses después del asesinato. Más de 300 personas se concentraron durante media hora en el pabellón de la parroquia donde residía la víctima y donde se perpetró el crimen, en silencio «pero sen esquecer».
La interpretación de María, una pianista que ha preferido mantener el anonimato, de la pieza Para Elisa de Beethoven, fue seguida con emoción y lágrimas. Los familiares de María Elisa asistieron al acto, igual que a los dos anteriores. «Convocalo era unha obriga moral en repulsa pola morte violenta da nosa veciña», remarcó Carbón. «Ninguén descansará tranquilo ata que deteñan ao asasino», comentaba una persona allegada a la víctima. «Desde el Concello no queremos que caiga en el olvido. Esperamos y deseamos que las investigaciones sigan su curso y den pronto respuesta a esta familia, duramente golpeada», manifestó la concejala Esperanza Gayoso.
La edila subrayó el compromiso del Concello de Cabanas frente a la violencia y cualquier acto «que atente contra la dignidad de la mujer» y en defensa de una sociedad «más justa e igualitaria». El alcalde, Germán Castrillón, apeló a la unión -dio gracias a los munícipes de A Capela y Fene que secundaron el acto-, insistió en «dar ánimos a la familia» y reiteró que el Ayuntamiento «hará todo lo posible» para que no cese «la pelea por dar con el o los asesinos».
Todos juntos, en silencio evidenciaron «a necesidade de expresar un sentimento común», señaló la representante de Cabanas Rural. «Pedimos que os equipos que realizan as pesquisas sigan coa mesma enerxía e forzas que ao principio lle adicaron a este caso», reclamó. «Ha de facer outra, pasará máis ou menos tempo, pero ha de volver», vaticinó una vecina cuando la gente ya estaba abandonando el pabellón.
«Isto é unha psicose que colleu a todo o mundo», constató otra mujer al inicio del acto. «Ao mellor o que foi está aquí», sospecha. «Pensas e miras ata aos propios veciños», reconocían las amigas con las que conversaba. «Non podes pensar en ninguén... pero alguén foi». «Eu sempre fun moi medosa, pero agora, de noite, non son capaz de saír fóra para ir á bodega. Incluso de día, estaba matando os coellos e pensando que podía vir alguén e facerme o mesmo a min», admitía una de ellas.
«Soa, a pasear, non vou nin tola, e mira que teño andado soa, porque penso que un criminal anda por aí». Las vecinas de Cabanas tienen miedo. María Elisa salió a caminar la tarde del 1 de septiembre, domingo, como solía hacer, y apareció, 30 horas más tarde, a pocos metros de su domicilio, degollada. «¡Ogallá estivera todo resolto! ¡Ogallá se resolvera!». «Polos seus, para facer xustiza». Y para acabar con esa sensación de inseguridad que las persigue.