«Si es Currás nos suicidamos»

Las grabaciones de la Pokémon desvelan la crisis en Santiago tras la caída de Conde Roa


Santiago / La Voz

La perfecta tormenta política que barrió Santiago en abril del 2012 tras conocerse que Gerardo Conde Roa, por aquel entonces alcalde del PP, había cometido un delito fiscal por el que después ha sido condenado ha quedado perfectamente retratada en el sumario de la operación Pokémon. Son muchos los folios en los que importantes cargos públicos, hoy apartados tras su detención e imputación en el caso, mantienen conversaciones en las que reflexionan sobre el negro futuro que afrontaba la ciudad.

Una de las más significativas la mantuvieron el 5 de abril del 2012, once días antes de que Conde Roa anunciase su dimisión, el que era jefe de gabinete y mano derecha del exregidor, Ángel Espadas, y Paula Prado, que entonces era portavoz local del PP y tras su salida del Concello pasó a ser portavoz del PPdeG.

Prado, que es también diputada autonómica, advertía a Espadas. «Es muy heavy, ¿eh? Ángel, dios mío de mi vida lo que se nos viene encima», y mostraba su asombro ante la posibilidad de que la concejala Reyes Leis, la concejala más cercana al sucesor de Conde Roa en la alcaldía, Ángel Currás, pudiese hacerse con el bastón de mando. «¡Puaf!, pues Ángel, veo a Reyes de alcaldesa, ¿eh?», a lo que Espadas contestó con unas risas y un expresivo «no, oh», al que Paula Prado respondió entre risas con una sentencia que resume a la perfección la absoluta división interna que vivía y sigue viviendo el PP compostelano: «Bueno, tú ríete, ¿no? ¿Pues quién va a ser, Ángel? Si es Currás nos suicidamos, ¿eh?».

En la charla, ambos se muestran extrañados de que Conde Roa se hubiese enrocado y de que, en contra de los deseos de la dirección gallega del PP, se negase a dimitir, una decisión que finalmente tuvo que tomar.

Paula Prado. ¿Tú qué crees que va a pasar?

Ángel Espadas. Pues ahora mismo no lo sé, Paula, porque yo creo que en condiciones normales Gerardo presenta la dimisión, llega a un acuerdo con el partido, el partido dentro de dos meses le busca una salida honrosa y un sitio dónde pueda estar tranquilo, y eso yo creo que es lo que debería pasar [...].

P. P. ¿Pero él por qué no piensa dimitir?

Á. E. Pues no lo sé (...).

P. P. ¿Sabes qué pasa? Él ahora mismo se ve sin nada, Ángel, y se agarra a un clavo ardiendo, ¿eh? Y yo lo entiendo, ¿eh?

Á. E. Claro, por eso te digo yo, una cosa es verse jodido y otra cosa es que te sientes con Feijoo y te diga Feijoo: ?Mira, te buscamos una salida, te mandamos de no sé... de agregado cultural de la embajada en Bruselas?, y entonces el tío ahí igual se lo piensa, ¿eh?

En aquellos turbulentos días, el PP compostelano se fracturó entre los que apostaban por Paula Prado como alcaldesa tras la inminente dimisión de Conde Roa y los que respaldaban a Ángel Currás porque así se lo había pedido el todavía alcalde. El grupo del actual regidor trasladó al secretario xeral de los populares, Alfonso Rueda, que Prado estaba sola y que nadie la apoyaba porque era «una déspota», un comentario que preocupaba a la actual portavoz del PPdeG, que pidió a Espadas que cuando hablase con Rueda le dijese: «Tú, dile, tú pregúntale al presidente si Paula estaba tan sola ese día [en una reunión para decidir el futuro del gobierno local] como dijeron algunos».

Finalmente, Conde Roa ganó aquel pulso, porque entre las condiciones que impuso a Alberto Núñez Feijoo para dimitir estaba que Ángel Currás tenía que ser su sucesor. Prado acabó abandonando el Concello, pero es a ella y no al actual regidor a quien apoya el PP gallego.

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