Los casos de mayores que se desorientan y no saben regresar son cada vez más frecuentes debido, en parte, a enfermedades como el alzhéimer
26 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.En Allariz no olvidan el día en el que encontraron a Luz Divina Balvís «agochadiña entre uns toxos». Fue en julio del 2005. Esta mujer de 79 años, enferma de alzhéimer, había salido a dar un paseo y se perdió. Tras días de búsqueda, la hallaron entre unos matorrales. Pasó varias noches al raso, pero sobrevivió. Y aún está en el centro de mayores de Ramirás, donde ya vivía el día que desapareció. «Foi dar unha volta, despistouse e non soubo volver. Estaba deitadiña nun lugar no que non entraba nin o xabarín, descalciña e todo», recuerda uno de los agentes de Protección Civil de Allariz que estuvo en la búsqueda. No es en la única que ha participado desde entonces. Porque los casos de personas mayores que salen a caminar y no logran hallar el camino de vuelta son frecuentes. Desde el verano fueron varios los despliegues organizados por toda Galicia para buscar a mayores perdidos. Buena parte tienen que ver con la desorientación que sufren debido a algún tipo de demencia senil. Otros, con accidentes.
En una de estas últimas búsquedas, la de Antonio Chartrero Ferreiro, participó el mismo voluntario de Protección Civil que estuvo presente cuando encontraron a la septuagenaria de Ramirás. Pero a Antonio, un hombre de 88 años que desapareció en julio en Santa Mariña de Augas Santas, en Allariz, aún no lo han encontrado. «Levaba mes ou mes e medio no centro de maiores. Leváranos en autobús á romería de Santa María de Augas Santas, fora á misa coa muller e ao saír da igrexa perdeuse. Non sabemos, pero puido subir a algún coche para que o levaran a algún lado», explica el concejal alaricano Bernardino Varela.
Avisar con rapidez
El despliegue fue amplio, incluso fue un helicóptero, pero no hubo suerte. «O que pasou é que tamén chegou tarde o aviso. Perdeuse sobre as once e non chegou a chamada ata as catro e pico», añade. La rapidez con la que se dé el aviso resulta fundamental porque aunque sean personas mayores pueden andar kilómetros en unas horas.
Justo en dirección opuesta al lugar en el que se centró el rastreo fue hallado en noviembre el cuerpo de Aida Salgado. La familia de esta mujer de 85 años con alzhéimer prefiere no revivir aquella angustia de dos días que acabó cuando José González la encontró muerta en el monte Chan de Lamas, en A Estrada. Halló el cadáver porque su caballo se asustó y fue a comprobar qué pasaba. «Fun mirar porque o cabalo asustouse e alí estaba ela», recuerda.
La encontró en una zona empinada de muy difícil acceso, justo en el camino contrario a donde pensaban que había ido. Porque, al parecer, Aida, que vivía con su hermana en Souto desde hacía unas semanas, tenía idea de ir hasta Codeseda, el pueblo en el que había tenido su hogar hasta entonces. Pero nunca llegó. Tampoco volvió de su paseo José Álvarez, el septuagenario de Tomiño hallado hace dos semanas en un monte. En ese caso la sospecha es la misma, que se despistó.
Diferente fue el caso de Manuel Pampín Abad, el hombre de Caldas que apareció en el Umia hace una semana. «Este no es un caso de despiste -dicen desde el centro donde estaba-, tuvo que resbalar».