Las borrascas interiores y el anticiclón del deseo


Desde hace casi 40 días, llueve sin parar. Es un lugar común pensar que el clima condiciona el estado de ánimo. Así, los habitantes de países tropicales serían alegres y expansivos y, por el contrario, los de países fríos y lluviosos serían retraídos y taciturnos. No se puede negar, en el ámbito de la psicopatología de la vida cotidiana, que la lluvia continua, las brumas y la oscuridad pueden influir en el decaimiento del ánimo, y conducirnos a un retraimiento mayor, pero, en general, nadie enferma solo por el clima. El único elemento meteorológico que parece relacionarse con una mayor incidencia de suicidios y crímenes son los vientos permanentes y las temperaturas extremas. En la época invernal es cuando se suele desarrollar una mayor actividad productiva que puede aletargarse en ese estío que, muchas veces, nos instala en el hastío, en la indolencia triste. El buen tiempo puede contribuir más a desencadenar o a revelar una patología psíquica que el mal tiempo. Si alguien vive bajo el peso de la ausencia de un deseo que lo empuje a movilizarse, o no es capaz de encontrar satisfacción en nada, el impulso que asocia el buen tiempo a disfrutar, a salir, y a encontrarse con los demás, puede acentuar el sentimiento de impotencia en aquellos que ya no pueden justificar con la climatología su evitación social. Por eso para algunas personas el mal tiempo es un refugio que el buen tiempo desbarata. En un estudio (San Gil, 1986) realizado en la isla de Tenerife se constató que aumentaban las urgencias psiquiátricas los días de tiempo agradable y fisiológicamente gratificantes. Ya Esquirol señaló en 1820 que el verano es la época en que eclosionan más las enfermedades mentales y, en la primavera y el verano, hay una mayor tasa de suicidios consumados. No se sostiene, por lo tanto, la idea de ligar el estado de ánimo a la meteorología y, mucho menos, el estado de ánimo patológico al mal tiempo. El único tiempo que se asocia a la alegría de vivir es el del deseo, porque el deseo es la salud: contra la angustia es el remedio más eficaz, mientras que la tristeza es un indicador de que hemos traicionado nuestro deseo. En realidad, de las únicas borrascas que nos debemos preocupar es de las interiores, ya que los nubarrones que pueden afectar a nuestro estado de ánimo son, sobre todo, los que flotan en nuestra cabeza.

Manuel Fernández Blanco es Psicólogo

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