Suben precios, bajan sueldos

Manuel Lago ECONOMISTA

GALICIA

03 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Esta vez tampoco ha fallado. En enero, todos los años y este también, las empresas concesionarias de las autopistas son fieles a su cita y nos vuelven a subir los peajes. Algunos años, la mayoría en realidad, hasta nos visitan dos veces: primero en la Navidad y después en las vacaciones de verano. Da igual que la economía esté en recesión; que los salarios de la gente -incluyendo los de sus empleados- no suban o incluso bajen; que por la crisis se reduzca el número de usuarios de sus autopistas. Para las concesionarias esos son meros detalles sin relevancia que no influyen en su decisión: subir cada año el precio de un servicio ya excesivamente caro, y en muchos casos ya amortizado.

Y en un cuasi monopolio como es la autopista central de Galicia mucho más: en la última década su precio se ha incrementado por encima del 50 %, mucho más que la inflación y muchísimo más que el salario de la gente que paga esos peajes.

Y sin embargo no hay ninguna razón para que suban de este modo las tarifas de la AP-9. No hay ninguna partida en su estructura de costes que justifique esta escalada de sus precios, incluido el incremento del 2014. Bueno, en realidad sí que hay una: la firme voluntad del fondo de inversión norteamericano que controla el grupo al que pertenece de mantener beneficios para repartírselos en forma de dividendos.

Esa y la complicidad del Gobierno que se lo permite. En estos días el Ejecutivo está a vueltas con un anteproyecto de nombre muy feo, la Ley de Desindexación, con la que quiere desvincular la subida de los precios y de las rentas de la variación del IPC. Ahora ya sabemos para qué. Por un lado esta desvinculación es la que le permite subir, es un decir, las pensiones el 0,25 % para el 2014 condenando a los diez millones de pensionistas a volver a perder poder adquisitivo. Pero por el otro autoriza el incremento de los peajes el 1,85 %, muy por encima de la previsión del IPC. Así va el país, camino de la desigualdad, incrementándose el número de millonarios al mismo tiempo que crece la población en riesgo de pobreza.