Víctimas que no se llamaban Asunta

Jorge Casanova
Jorge casanova REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

La Policía Judicial recoge pruebas en el lugar donde murió tiroteado Moisés González, en Moaña.
La Policía Judicial recoge pruebas en el lugar donde murió tiroteado Moisés González, en Moaña. X. C. GIL< / span>

El crimen de Teo monopoliza la crónica negra de un año que se despide con un notable rosario de asesinatos, algunos todavía sin resolver

31 dic 2013 . Actualizado a las 13:50 h.

La crónica negra del 2013 será sin duda recordada para siempre por el asesinato de Asunta Basterra y las singulares circunstancias que lo rodearon y que todavía siguen generando novedades y sorpresas. Lamentablemente, la muerte de la joven compostelana no ha sido la única en saltar a las páginas de sucesos durante el año que finaliza. Otra decena de personas fueron asesinadas en circunstancias diversas. La mayor parte de estas muertes estuvieron relacionadas, bien con el narcotráfico o bien con robos, además de la triste cuota anual de violencia doméstica.

Dos homicidios se salieron de estos patrones comunes: el apuñalamiento de Elisa Abruñedo en Cabanas y el asesinato en Ourense de Tomás Milia. En este último caso, la detención del presunto asesino fue muy rápida. En menos de 24 horas Alexandru Luca, un joven de origen rumano, ya estaba en poder de la policía como presunto autor del crimen. Y con esa acusación permanece en prisión desde mediados de octubre. Nada se sabe sin embargo del autor del crimen de Cabanas.

La pesadilla de miles

Elisa Abruñedo era una madre de familia de 46 años de lo más convencional. Vivía con su marido y sus hijos en una casa de Lavandeira, un pueblecito atravesado por la animada carretera que une Cabanas con As Pontes. El domingo 1 de septiembre salió a pasear como habitualmente hacía y nunca más regresó. Su cuerpo sin vida apareció apuñalado a unos cientos de metros de su casa, en un zarzal al pie de la carretera. Poco más se ha sabido desde entonces.

El hermetismo que desde el primer momento caracterizó a la investigación y el desvío del foco mediático hacia el crimen de Teo, ocurrido veinte días después, ha dejado en el olvido un asesinato que en sí mismo constituye una pesadilla para los miles de gallegos y gallegas que cada día salen a pasear por carreteras solitarias como lo hacía Elisa Abruñedo. De hecho, el de Cabanas es el único crimen ocurrido en Galicia durante este año que no ha provocado detención alguna y probablemente el mayor reto al que se han enfrentado los expertos de la Guardia Civil. El día 1 se cumplen tres meses desde el asesinato sin indicios ni hipótesis conocidas. Alguien pasó por allí y segó la vida de Elisa sin una razón aparente ni objetivo alguno.

El caso de Tomás Milia, un farmacéutico jubilado de 72 años, presentó menos dificultades para los investigadores. Su presunto asesino había mantenido relaciones sexuales previas con la víctima en su domicilio. Según la propia declaración del detenido, se produjo una discusión cuando la víctima no le quiso pagar. El joven lo apuñaló y huyó dejando el cuerpo en la bañera y llevándose una colección de relojes. La víctima había gritado pidiendo auxilio, pero quienes lo oyeron, acostumbrados a las extrañas idas y venidas en el piso, no lo tomaron en serio.

Poco después, el criminal regresó al piso para prenderle fuego y aquella misma noche fue detenido. Cuando la policía local lo detuvo, llevaba varias bolsas, una de ellas con el cuchillo que probablemente acabó con la vida del farmacéutico.