Una comitiva de Qinhuangdao visitó la ciudad, con la que está hermanada
16 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.De las orillas del Miño a las del mar Amarillo. La muralla de Lugo, con su larga historia y su título de patrimonio de la humanidad, es conocida hasta en China. No se trata de una muestra más de la globalización y del creciente protagonismo del país asiático, sino de un conocimiento surgido del aprecio y de unos lazos casi familiares.
La antigua Lucus Augusti se hermanó con la localidad china de Qinhuangdao en el 2008. Si a alguien le parece extraña o extravagante la decisión, hay que advertir que esa ciudad comparte con la capital lucense un rasgo muy destacado: está en uno de los extremos de la Gran Muralla China. Una delegación lucense visitó el país asiático en el 2008 para sellar oficialmente la unión y, desde entonces, se sucedieron los viajes en ambos sentidos.
Una comitiva de la ciudad china, formada por autoridades municipales y responsables de diversas entidades, fue recibida ayer a mediodía en la Casa do Concello de Lugo, en donde el trato, sin prescindir nunca del protocolo, dejó incluso un hueco para los sentimientos y las buenas voluntades.
«Las familias tienen que verse», dijo el alcalde lucense, José López Orozco, para explicar el porqué del acto. Y como el afecto, incluso entre familias, necesita gestos además de palabras, Orozco anunció que propondrá dedicar una calle o una plaza a Qinhuangdao, como ya se hizo anteriormente con otras ciudades hermanadas, como Dinán (Francia) y Viana do Castelo.
En cualquier caso, ni los lucenses dejaron de agasajar ayer a sus parientes chinos, ni estos llegaron de visita con las manos vacías. El vicealcalde de Qinhuangdao obsequió a Orozco, con un álbum de sellos y un libro sobre la Gran Muralla, y el regidor de Lugo le correspondió con una figura de Sargadelos.
Hubo, además, otro detalle, ya que el regidor hizo entrega a los visitantes de los folletos turísticos que el Concello lucense ha editado en gallego y en chino, y en los que la obra que simboliza su pasado romano ocupa un gran protagonismo.
Además del intercambio de regalos, también hubo tiempo en la recepción para un intercambio de frases y de buenos propósitos. Así, Orozco dijo estar satisfecho de la visita y de la unión de las dos ciudades, «tan lejos pero tan cerca», mientras que el vicealcalde chino subrayó las oportunidades que ofrece su ciudad, situada a apenas 300 kilómetros de Pekín, como lugar de penetración en el país para inversores extranjeros dispuestos a ampliar mercados.
Paseo por la muralla
Pensando en establecer unos vínculos más allá de la política, la recepción estuvo precedida de un encuentro en el Círculo das Artes al que acudieron representantes de la vida social, empresarial y deportiva de Lugo. Y como despedida, aún quedó tiempo para dar un paseo por el centro de la ciudad en el que no faltó, por supuesto, un recorrido por la muralla.