Injustificables y solo justificadas por quienes ostentan en ellas su poder (en Lugo, es el PSOE y el BNG, en el resto de las provincias gallegas, el PP, y casi con esto sobran más explicaciones), las diputaciones provinciales han sobrevivido a la crisis más grave que se recuerda en España. Se han amputado derechos fundamentales, se ha recortado en sanidad y en educación, se ha escatimado en fondos para reparar los baches de las carreteras, se han cercenado pagas a funcionarios, pero ellas siguen tan campantes, al servicio de los partidos de turno, dispuestas a continuar con sus prescindibles objetivos: propaganda y reparto de cheques a concellos afines. Ahora la Xunta quiere meterles mano. Solo es un parche, o un truco. Galicia se muere, pero estos entes están condenados a sobrevivirnos. Se puede extinguir el urogallo, el lince, la tortuga de las Galápagos o la planta del acebo. Hasta se puede extinguir el ser humano; las diputaciones provinciales seguirán ahí, instaladas confortablemente al servicio de la maquinaria insaciable de los partidos.