Ni el juez ni los investigadores han conseguido determinar por ahora los motivos que llevaron a los padres, supuestamente, a matar a Asunta; pero tienen sospechas
23 nov 2013 . Actualizado a las 15:59 h.Levantado el secreto, no se levantaron todas las sombras. Vaya el supuestamente por delante, pero ¿por qué diablos se les fue la cabeza a Rosario Porto y a Alfonso Basterra para que un día tomaran la terrible decisión de matar a su hija? Y además, de una manera tan torpe y rebuscada, dándole somníferos durante tres meses para coger un día y asfixiarla. Pues pueden pensar lo que quieran porque la respuesta no la conoce a ciencia cierta ni el mismísimo juez. Tiene sus sospechas. Las mismas que la Guardia Civil. Pero faltan algunos cabos que atar. Porque suposiciones hay muchas, pero si esta causa no da un giro, si los imputados no se levantan un día y lo cuentan todo, podría ser que dentro de uno o dos años sean juzgados sin que se sepa nunca el móvil del crimen.
Porque aunque todos los asesinatos tengan un motivo, que no se conozca no significa que no puedan ser condenados. Ya lo dijo hace unas semanas el propio juez Vázquez Taín cuando se le preguntó por ello. «No tiene por qué conocerse el móvil en un crimen para resolver un caso».
¿Han sido los celos? ¿Conocía algún secreto Asunta que les pudiese traer problemas? ¿Se cansaron de ser padres? ¿Les estorbaba la pequeña? Y si les estorbaba, ¿por qué pelearon por su custodia Rosario y Alfonso cuando se separaron?
Incógnitas
No hay una sola letra en el sumario que apunte a una razón. Y eso que a lo largo de la instrucción se ha llamado a todas las puertas posibles. Al principio se pensó que la niña era la heredera universal de los bienes de sus abuelos y se demostró que no, que todo se lo habían dejado a Rosario Porto. Descartado el móvil económico, qué queda. Nada que por ahora se sepa. O sí. Por eso se ha echado tanto la imaginación a volar. Se ha cogido aquel blog de la niña escrito en inglés y se han tomado huellas a los puntos y a las comas. Nada se ha sacado en limpio. También se ha intentado escarbar en la relación de Asunta con sus padres, si a la niña le gustaba que Rosario Porto se volviese a enamorar de un hombre distinto al padre; si este veía en su hija un problema en retomar la relación; si la madre está en sus cabales...
Se ha escudriñado la vida privada de Rosario Porto en los últimos años, pues dio un vuelco. Y por ahí pueden ir los tiros del móvil. Hija única del reputado abogado Francisco Porto Mella y de la profesora Socorro Ortega Romero, dejó de ser cónsul honoraria de Francia en Santiago en el año 2006. Hace unos dos años cerró el despacho de abogados que mantenía en la compostelana calle de Montero Ríos, se dio de baja en el Colegio de Abogados de Santiago y orientó su labor en dos direcciones: la representación de intereses comerciales en Marruecos (trabajo que la llevaba a viajar con frecuencia) y una vocalía muy activa en el Ateneo de Santiago. El 13 de diciembre del 2011, María del Socorro Ortega Romero, profesora jubilada de Historia del Arte de la Universidade de Santiago, falleció repentinamente en su casa de Compostela. La encontró su marido, el abogado Francisco Porto Mella, que siete meses después apareció también sin vida en el mismo domicilio; una doble pérdida que causó una gran conmoción en la familia y en su entorno. Tras la muerte de sus padres, Charo decidió poner fin a su relación con Basterra -que había llegado de Bilbao a Santiago a finales de los ochenta-, si bien ambos convivían algunas temporadas con la niña. ¿Se cansaron de ella? ¿La niña le cortaba las alas a una mujer que quería volar? Es la principal hipótesis que manejan los investigadores por ahora.
Más incógnitas: ¿Y si la ausencia de móvil en estos momentos es una prueba de que nada tuvieron que ver los padres en el crimen y hay que buscar en otras orillas? El juez lo descartó. Está convencido de la inocencia de estas tres personas tanto como de que nadie más que Rosario Porto y Alfonso Basterra cometieron el asesinato. Uno de los investigados fue el marroquí condenado recientemente a cuatro años de prisión por explotar a trabajadores extranjeros. El otro es un empresario que, curiosamente, participó en ese mismo juicio como testigo y para exculpar al exsindicalista. Ambos son buenos conocidos de Rosario Porto, con los que mantuvo algún tipo de relación profesional a lo largo de este último año.
El tercer hombre está descartado porque estaba muy lejos de Santiago aquel día. Se trata de un violador cuyo perfil genético apareció en la investigación por un error. También es consciente el juez instructor, según señalaba en el auto de levantamiento del sumario, de que las partes podrían pedir nuevas averiguaciones sobre esas personas investigadas, «y que muy seguro efectuarán». Dejando a un lado al violador, los otros dos, amigos de Rosario Porto, también tenían coartada aquel sábado de septiembre.