Las explicaciones dadas por los padres los señalaron como sospechosos
21 nov 2013 . Actualizado a las 22:05 h.Rosario Porto y Alfonso Basterra ya eran sospechosos de haber asesinado a su hija Asunta casi desde que el cadáver de la niña apareció a la 1.15 horas del 22 de septiembre en una pista forestal de Cacheiras (Teo). El camino está situado a menos de cinco kilómetros del chalé que la madre de la pequeña heredó de sus padres en este municipio y en el que los investigadores sitúan la muerte de Asunta por «asfixia mecánica» y a manos de su madre tras haber sido drogada con Orfidal por su padre para que no pudiera defenderse. ¿Por qué desconfió la Guardia Civil tan pronto de ellos? Sus «confusas explicaciones» y las contradicciones en las que incurrieron han sido determinantes.
¿En qué momento saltan las sospechas en torno a los padres?
En el mismo momento en el que presentan la denuncia por desaparición en la comisaría de la Policía Nacional de Santiago. En ese momento, a los agentes ya les llama muchísimo la atención el incidente que les relata Rosario Porto en el que, según afirmó, un hombre había entrado meses antes en su domicilio aprovechando que se había dejado puestas las llaves de casa y había intentado matar a Asunta y huyó al ser descubierto por ella. Tampoco les cuadró que ante un hecho de tanta gravedad no hubiese presentado una denuncia.
¿Cuál fue la versión inicial de Rosario Porto?
Inicialmente, la madre de Asunta relató que la desaparición de su hija se produjo a partir de las 19 horas del 21 de septiembre, cuando ella salió de su casa de la calle Doutor Teixeiro para hacer unos recados y dejó en el domicilio a la pequeña para que realizase las tareas del colegio. También indicó que había regresado a las 21.30 horas y que la pequeña ya no estaba. Dijo haberse encontrado la puerta cerrada con llave y la alarma conectada, pese a que cuando había visto por última vez a su hija la puerta había quedado abierta y la alarma apagada.
¿Por qué cambió su versión?
La primera versión de los hechos que había ofrecido Rosario Porto fue totalmente modificada cuando conoció que una cámara de seguridad -luego se supo que habían sido varias- la había grabado conduciendo su vehículo en dirección a Teo y con Asunta en el asiento del copiloto. Ante una evidencia de tanto peso corrige su relato y «después de reiterar en numerosas ocasiones que su hija había quedado en Santiago» -señala el auto en el que se levanta el secreto de sumario- pasa a admitir que había ido con la pequeña al chalé de Teo, pero que la volvió a llevar a Santiago porque Asunta se encontraba mal «si bien rehúsa explicar dónde la dejó al traerla de vuelta», le reprocha el juez. Esta contradicción es una de las que, en opinión del magistrado, «fundamentan su imputación».
¿Qué dijeron sobre los días en los que la niña fue a clase adormilada?
Cuando Asunta fue asesinada, sus padres detenidos y se hizo público que había sido sedada antes con Orfidal, las profesoras de música de la niña informaron al juez que en al menos tres ocasiones la pequeña había acudido a sus clases adormilada. Cuando informaron a Alfonso Basterra, les dijo que estaba tomando una medicación contra la alergia muy fuerte. En la última ocasión, días antes del crimen, la madre envió una nota que decía que la pequeña estaba «k. o.» y que no asistiría a clase. En sus interrogatorios, los imputados tampoco han ofrecido explicaciones claras sobre estos incidentes y menos aún que expliquen por qué la pediatra de la fallecida declaró que no padecía ninguna alergia. Una inexactitud más que ha pesado mucho a la hora de sospechar de Porto y Basterra.
¿Pudo la madre depositar el cuerpo en la pista forestal?
El juez considera que fue Rosario Porto la que, tras asfixiar a su hija ya drogada en la casa de Teo, metió el cadáver de Asunta en el coche, lo colocó en el suelo de los asientos traseros y lo llevó a la pista forestal, donde lo abandonó en el entorno de las 21 horas. ¿Pudo hacerlo? Materialmente, sí, aunque ella ha señalado que por ser de complexión débil no tendría fuerza suficiente. La defensa de la madre tampoco cree creíble que el cuero no fuese visto en cuatro horas, más aún cuando hay un vecino que pasó hasta tres veces por el camino esa noche. Sin embargo, la Guardia Civil hizo pruebas con él y en ocasiones no era capaz de ver el señuelo.