Mientras los vecinos de Mondoñedo deciden si la transcantábrica traerá turistas o los alejará, algunos ya le han sacado sus ventajas al hecho de haberse acercado un poco más a Asturias: «Con los tramos que hay ahora abiertos ya nos compensa más coger el avión en Avilés que en Santiago», explica Sarah, una inglesa que se fue a vivir a Mondoñedo hace ocho años y que se quedó allí: «En realidad, la autovía no tendría por qué perjudicar al pueblo, pero no se puede negar que aquí llevamos mucho tiempo en un declive total». Lo que Sarah piensa, lo comparten otros: la entrada en servicio de la transcantábrica no será tan importante para el desarrollo de Mondoñedo en comparación con la iniciativa privada para intentar aprovechar el nombre de una ciudad histórica y con indudables potencialidades turísticas: «Si quiere que le diga la verdad, estoy pensando en comprarme unas grúas para cambiar de negocio», tercia un hostelero descreído por lo que califica como una falta de impulso a las iniciativas turísticas. Relata algunas experiencias frustradas para reforzar la idea de las grúas: «Vamos a tener muchos accidentes porque es una zona con mucha lluvia y niebla. Y si no arreglan el acceso por Lindín, habrá muchos problemas».
Las salidas
El asunto de los accesos preocupa en Mondoñedo. Desde casi cualquier punto de la villa se puede ver el viaducto de Lindín, una obra impresionante pero alejada y mal comunicada con la ciudad de Cunqueiro. Si está previsto el arreglo de la sinuosa carretera hasta allí es algo que nadie sabe, pero muchos imaginan que por la transcantábrica, el letrero que marque el nombre de la ciudad estará acompañado de una distancia que no animará a efectuar una salida imprevista: «No es igual ver un cartel que ponga Mondoñedo a dos kilómetros que a ocho. Es una diferencia que a muchos, aunque conozcan el nombre de la ciudad y pudieran estar interesados en visitarla, hará que decidan no salir de la autovía», especula un hostelero. En cualquier caso, los verdaderos efectos de la nueva infraestructura están aún por demostrar. Y, como recuerdan muchos, respetando a todo el mundo, no es lo mismo Abadín que Mondoñedo, aunque dentro de poco tendrán un cartel igual de grande en la autovía.