Al café O Teré, el único bar de la aldea, llegan personas de diferentes lugares del mundo para adquirir décimos para el sorteo de Navidad
18 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Angrois se convirtió en la aldea más famosa de Galicia por el trágico accidente del tren Alvia, en el que 79 personas perdieron la vida, y, sobre todo, por la reacción ejemplar de sus gentes. Pero sus vecinos quieren olvidar y desterrar para siempre las vinculaciones de Angrois con la mayor desgracia vivida por Galicia. «Ojalá el 22 de diciembre sea un día de suerte para todos», comenta Pilar Ramos Fuentes, la propietaria del único café bar de Angrois, el O Teré, que confía en que el año termine «con la noticia de que la lotería tocó aquí». Sería, sin duda, el mejor regalo para unas personas que no han logrado recuperar la normalidad desde aquel fatídico 24 de julio.
Como todos los años, José Rozas, el marido de Pilar, fue a la administración de loterías para recoger décimos del sorteo de Navidad para venderlos en el café. «No jugamos un número fijo; el primero que viene a la mano», comenta Pilar. Este año, en Angrois se juega el 10.309. «No es bonito, pero todos entran en el bombo», apunta.
El café O Teré tiene reservada toda la serie 61, pero «aún quedan». Pilar no sabe qué pensar, «pero la gente dice que, cuando hay una desgracia, luego viene una alegría. Si fuera la lotería, llevaría una gran alegría».
Lo habitual era que los boletos terminaran en las carteras de sus vecinos y en las de «algún que otro peregrino» de la Vía da Prata, pero este año todo es diferente en Angrois. Al local se acercan también los habituales, pero para adquirir boletos por encargo de familiares o amigos, que confían en que la suerte cambie y «por fin» el 22 de diciembre se «olvide lo malo para que llegue lo bueno», comenta una joven de Angrois.
«Muchos peregrinos, más que otros años, se llevan el décimo. Y solo porque es de Angrois; pero lo más increíble son los que vienen a propósito para comprar. No uno ni dos, sino cinco, seis y hasta diez», comenta Pilar mientras suspira por hacerse «la foto el día del sorteo rodeada de gente afortunada». Si algo tiene claro es que «podremos decir que está muy repartido, porque es así. Lo tienen gente de aquí, pero también de todo el mundo», asegura.
Hace unos días, un matrimonio de México «que tenía gente en el tren» le pidió al taxista, «nada más llegar al aeropuerto de Lavacolla, que lo trajeran a Angrois porque tenía que comprar lotería». Pero no es el único caso, pues unos turistas de Lanzarote se llevaron diez décimos porque tenían encargos de amigos. Hasta los obreros encargados de retirar esta semana la chabola, que ocupaba desde hace 22 años un terreno bajo el viaducto de la autopista junto a la aldea, se hicieron con sus décimos de la suerte.
Entre los peregrinos, «unos franceses se llevaron también su décimo» y «también mucha gente de diferentes puntos de España: Andalucía, Extremadura... No sabría decirte, pero muchos y de muchos sitios». Un vecino, que asegura no jugar a la lotería, también se deja llevar por la corriente de optimismo y reconoce que «habrá que comprar, por si acaso». Y es que Angrois esta vez quiere repartir «suerte de la buena».