La empleada de una tienda cuenta cómo actúan los presuntos ladrones
22 sep 2013 . Actualizado a las 07:00 h.No desvela su identidad porque tiene que convivir con presuntos ladrones que entran periódicamente en el supermercado de la ciudad gallega en el que trabaja. Conoce perfectamente cómo actúan y sabe, por el inventario diario que tienen que hacer los empleados de su empresa, que hay días en los que llegan a desaparecer de los lineales hasta varios pollos enteros, piezas enteras de conejo, embutidos, latas de conserva, quesos... «En Navidad hasta desaparecen las pastillas de turrón e incluso preguntan por alguna marca», dice. El incremento de hurtos registrado en los supermercados ha llevado a que estos se blinden colocando alarmas o cajas de seguridad a determinados productos. Pero incluso con esas precauciones continúan desapareciendo algunos. «Cuando la comida está envasada tienen miedo a que tenga alarma, entonces la desempaquetan y tiran las bandejas de la carne o de los embutidos debajo de los lineales», cuenta esta trabajadora.
Quitar los envoltorios forma parte de un modus operandi que antes los presuntos ladrones llevaban a cabo en solitario, pero ahora, según esta mujer, cada vez es más común que actúen en grupo. «A veces entran en la tienda varias mujeres con grandes bolsos. Van distribuyéndose por un lado y por otro para coger los productos concretos que buscan. Los guardan en esas bolsas, que acaban pesando mucho, o debajo de la ropa», explica.
La búsqueda de productos fijos responde normalmente a encargos. «Lo observas sobre todo a partir de mediados de mes, que es cuando la gente empieza a tener menos dinero en la cartera. Hay gente mayor que incluso llega a entregar una lista. Hay grupos que vienen con ese listado de encargos de cosas para coger. Tenemos muchas anécdotas de ese tipo», dice.
No solo ella, todos sus compañeros en el supermercado en el que trabaja están al corriente de lo que ocurre. Pero prefieren mantenerse al margen y no decirles nada. «Ya nos han dicho que no nos metamos», cuenta. Es al final de la jornada cuando hacen recuento. Comprueban cuántos productos faltan y, aunque muchos en le sector no denuncian, en esa tienda suelen ir hasta comisaría para hacer la denuncia. «Ahora parece que pueden irse acumulando», comenta.
testigo directo