Retienen a los tripulantes de un barco gallego encallado en Senegal

redacción / la voz

GALICIA

El atunero gallego embarrancó en el parque natural más pequeño del mundo.
El atunero gallego embarrancó en el parque natural más pequeño del mundo. le soleil< / span>

El «Almadraba Uno» hizo temer una catástrofe en un parque natural

17 sep 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

En la madrugada del 2 de agosto pasado, el Almadraba Uno, un atunero gallego que desde el mes de enero pasado está gestionado por el grupo Calvo, lanzó una alerta de socorro por vía de agua tras embarrancar en las costas de Senegal. Sus veinte tripulantes -un número indeterminado de ellos de origen gallego- resultaron ilesos y la embarcación no se fue al fondo. Pero el siniestro tuvo una enorme repercusión mediática en Senegal y sus marineros estuvieron retenidos durante mes y medio, porque desde la compañía aseguran que los tripulantes ya han empezaron a llegar a sus lugares de origen o lo harán estos días.

Ocurre que el pesquero, de 52 metros de eslora y 1.275 toneladas de arqueo, embarrancó a las cinco y media de la madrugada en las islas de la Magdalena, un archipiélago situadas a pocas millas al oeste de la capital, Dakar, y que están consideradas como el parque nacional más pequeño del mundo, aparte de estar declaradas patrimonio de la humanidad por la Unesco, y que, según recogieron los medios senegaleses, están vedadas a la navegación.

Si a eso se suma que el arrastrero llevaba los tanques de gasoil repletos, con 400.000 litros, porque acababa de repostar en el puerto de Dakar, el escándalo ecológico estaba más que asegurado.

Y así fue. Senegal, con los escasos medios de que, según sus autoridades, disponía, se afanó en contener lo que temían que fuese una catástrofe medioambiental seria, no solo por el combustible que podría ser derramado, sino también por las pinturas, los botes de gas, las redes, las cadenas y otros productos a juicio de Senegal potencialmente contaminantes que había a bordo. Intentaron reflotar el barco y durante semanas estuvieron bombeando el combustible, porque sus barcazas apenas daban para transportar 20 toneladas de cada viaje, e incluso enviaron a equipos de científicos para evaluar el riesgo de contaminación de un paraje de elevado valor ecológico.

Al mismo tiempo, las autoridades senegalesas se dedicaron a revisar los aspectos legales del accidente para exigir al armador europeo que reparase los daños en la isla. Y esa toma de declaraciones mantuvo retenidos durante más de mes y medio a los tripulantes del barco.

Según los medios senegaleses, el atunero gallego se dirigía a Mauritania, país del que dispone una licencia.