Lo que distingue el paso de los funcionarios por la crisis no es la pérdida media de un 6 % de su salario en los dos últimos años, sino que a nosotros nos hacen la quita por orden expresa del Gobierno, mediante leyes o decretos, y a los demás trabajadores -sean asalariados, autónomos, comerciantes, empresarios o frailes mendicantes- les hace el ajuste el mercado. Por eso es injusto que aprovechemos la vistosidad de las quitas que nos hace en el BOE para dar la sensación de que nosotros pagamos la crisis y los agricultores o los arquitectos no. Porque lo cierto es que los funcionarios -cada uno en su género- somos los que con más dignidad y mejores perspectivas sufrimos la crisis, y los únicos que no tenemos sobre la cabeza la espada de Damocles del desempleo. La moda de ahora es indignarse y protestar, y, siguiendo tal práctica, conozco muchos colegas que van por la vida llorando sus quitas y extras perdidas. Pero yo no me uno al duelo. Porque, con todo y con eso, quiero ser funcionario.