Independiente y campechano

De 60 años y afiliado a JPD, con 23 en la carrera judicial


Ferrol / La Voz

A los periodistas que siguen el macrojuicio del Prestige les sorprendió la accesibilidad y campechanía de Juan Luis Pía Iglesias, el magistrado presidente, ajeno al envaramiento de otros. En realidad no es una impostura sino el natural de un juez de larguísima carrera, miembro de la sección primera de la Audiencia Provincial de A Coruña, y que ya estaba en la carrera judicial a los 23 años, ahora frisa los 60 y ya tiene nietos. A un fiscal le agrada que le haya tocado esta tarea del macrojuicio a Pía porque «si de otros podría decir cuál será la sentencia, en el caso de Pía es impredecible».

Impredecible por su independencia e ideológicamente en Jueces para la Democracia, su perfil es, no obstante, de no casarse con nadie. Enemigo de la figura del juez estrella, «pero desde hace muchos años», enfatiza él mismo, quizás para que no se le encuadre ante lo ocurrido con Garzón, detesta la especialización. Quizás por eso, también hace décadas que reniega de la Audiencia Nacional, ese órgano que tuvo algún motivo por el terrorismo, pero que actualmente, sostiene, no sirve para nada. El juez natural debe tener jurisdicción amplísima y los medios para abordar la materia que le corresponde, aunque necesite conocimientos enciclopédicos. Tampoco Pía encajaría en algunas operaciones mediáticas. Es originario de Santa Marta de Ortigueira, hijo del último alcalde de la dictadura, un abogado de pueblo que luego fue conselleiro de Xustiza con Fernández Albor. Saga de juristas que siguió Juan Luis, y su hijo y su hija, que también estudiaron Derecho, «aunque mis abuelos eran humildes, nada de nobleza».

Ahora con nietos, no quiere que le pregunten por qué no es magistrado del Supremo, presidente de una Audiencia o cualquier otro cargo. Porque con el número 72 del escalafón judicial español que forman más de cuatro mil, los de su nivel están todos por allá arriba. Tan independiente que no está en camarilla alguna del poder y ahí puede estar la explicación. Ingresó en la carrera judicial con 23 años en Verín para pasar luego a los juzgados de Betanzos, San Sebastián, Murcia, Ourense, Ferrol y la Audiencia coruñesa, de la que volvió a un juzgado de Instrucción de Ferrol y de nuevo a la Audiencia. Hasta en esta marcha atrás, por voluntad propia, es especial. Raro es que un magistrado que llega a una Audiencia y decida pedir plaza en un juzgado de inferior categoría. Eran los años 90 y en Ferrol le tocó lidiar con un caso de asesinato de una anciana en Serantes que quedó sin aclarar pero no porque él no trabajase como juez de instrucción. Como Ferrol tiene fama de escasa delincuencia, se habían llevado buena parte de los efectivos de fuerza pública para los Juegos Olímpicos de Barcelona...

Lector omnívoro

Es un gran lector, casi lector omnívoro, de todos los géneros y por eso, si cita a Cunqueiro como hizo al pronunciar el pregón de Santa Marta en el verano del 2010, es porque se lo ha leído y no habla de oídas. Otra faceta de Pía es en su labor de formador, preparador como se dice en su jerga, de muchos opositores a jueces, secretarios y fiscales. Quizás por su vocación de docente es un polemista. En una conferencia, el auditorio tiene garantizado que no se aburrirá porque intercala un humor muy especial incluso hablando de sesudos temas jurídicos como una sentencia del Supremo.

Juan Luis Pía ha hecho bien su trabajo como juez del Prestige y será el colofón de una carrera. Se le recordará como aquel presidente del tribunal, sin corbata, con pajarita y campechano, que navegó con tino en el proceloso mar del macrojuicio del Prestige.

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