Resulta una temeridad jugar con las cosas de comer. Así ha sido siempre. ¡Qué decir en esta era de quiebras, ERE y colapso social! Los comuneros de Salcedo deberían ser conscientes de ello en su disputa con Defensa. Vaya por delante que tienen todo el derecho del mundo a una compensación por los terrenos, pues así lo decidió un juez, pero al descolgarse con hipérboles exceden lo que es estrictamente suyo. Los terrenos lo son, por descontado, pero la Brilat no. La Brilat es, más allá de consideraciones éticas, un pulmón económico para Pontevedra, algo así como Citroën para Vigo, si se me permite la licencia. Unos 2.500 soldados, o lo que es lo mismo, 40 millones al año que impactan en el comercio, la hostelería, el sector inmobiliario...
Para una ciudad que ha perdido varios miles de empleos desde que arrancó la maldita crisis, el futuro de la Brilat no es cuestión baladí. Coquetear con el traslado del cuartel es poner en riesgo mucho dinero, y muchos puestos de trabajo, en el peor de los momentos. Todo el mundo lo sabe. Los comuneros también. Aunque por el momento hayan decidido hacerse los suecos.
Como también saben que reclamar un canon de 5.000 euros por hectárea está fuera de la lógica del sector maderero. Salvo que hayan encontrado oro. Que no parece el caso. Ayer, un ingeniero y un funcionario de Extensión Agraria calculaban, siendo generosos, que el rendimiento en la zona de Salcedo podría rondar los 900 euros por hectárea, esto es, un abismo entre lo razonable y lo exigido al ministerio. Se impone pues la cordura y el sentido de la responsabilidad. Establecer un canon adecuado y zanjar este asunto. Por el bien de todos.