La pareja armada detenida ayer llegó desde Levante, donde arranca su peligroso historial delictivo
09 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.En cuatro días han pasado de ser un matrimonio corriente que residía en la parroquia de San Tomé (Cambados) a dos peligrosos delincuentes que pusieron en jaque a las Rías Baixas y a toda la Guardia Civil de la provincia. Pero su historial delictivo no empieza en tierras gallegas, sino a centenares de kilómetros. Miguel Ángel Serrano Losana y María del Carmen Castillo Romero llegaron a la costa gallega huyendo de la presión policial que los acechaba en la Comunidad Valenciana, donde acumulan un sinfín de cargos.
No se sabe exactamente cuándo desembarcaron en Cambados, pero los vecinos tienen recuerdos suyos -salían a pasear el perro- desde hace cinco semanas. Hay quien sí tiene sus caras grabadas a fuego en la memoria. El responsable de un taller mecánico recordaba ayer que hace días pagaron el arreglo del coche con un ordenador portátil como fianza con el compromiso de volver a saldar la deuda cuanto antes. Y ahí sigue. El ordenador en un taller de Cambados y el perro que los acompañaba en la perrera municipal después de dejarlo abandonado en el interior del vehículo en el que huían. Actuación paradójica si se tienen en cuanta los comentarios de Serrano Losana en su perfil de Facebook, tachando de «desalmados» a los «españoles que abandonan los perros cuando se van de vacaciones», mientras posa con su mascota Narko.
Los Bonnie and Clyde gallegos cometieron media docena de delitos en el corto período de tiempo que vivieron en las Rías Baixas. En el control rutinario del pasado sábado intentaron echarle el lazo por primera vez. No pudieron. Y ahí arrancó una persecución policial de cuatro días llena de claros y oscuros a la que ayer se pudo poner, al fin, el broche final.
La tensión del sábado en la persecución llevó a los guardias civiles a temer por la seguridad de los ciudadanos. «Se van a llevar todo por delante, van como locos», señalaban. Tras abandonar el coche en una finca de O Revel, en Sanxenxo, huyeron a pie por el monte. No pudieron dar con ellos. Incluso burlaron el control policial y rebajaron la tensión de la búsqueda tomándose un café en un bar del centro de Cambados y yendo a su casa a recoger enseres personales. Quizás la mochila y el cuchillo que llevaban ayer en el momento de la detención.
Conocidos entre los gorrillas
Tras este episodio, la pareja cogió un taxi para dirigirse a Ponte Caldelas y de ahí a Pontevedra, donde eran viejos conocidos entre los gorrillas de la ciudad. «El lunes nos preguntaron donde podían conseguir algo de droga», indica uno de ellos. Él mismo los mandó al poblado de O Vao, pero a partir de ahí se les pierde la pista, aunque fuentes de la investigación aseguran que varios vecinos de la parroquia de Mourente los vieron en el entorno del Hospital Montecelo. Los gorrillas de la Plaza de Galicia y de la avenida de Mollabao, en Pontevedra, eran ayer muy claros. «Anduvo la secreta por aquí y le contamos lo que sabíamos porque robos, aún bueno, pero la violencia no se puede consentir», decía uno de ellos.
Y es que las fotos de esta pareja llegaron a muchos puntos de la ciudad. Vecinos de distintos barrios aseguran que guardias civiles de paisano les pidieron colaboración si veían algo sospechoso ante la peligrosidad de los sujetos. Tras la espectacular detención de ayer en Silleda -precedida por un despliegue policial de los tres cuerpos de seguridad-, fuentes de la investigación aseguran que se analizarán el modus operandi de estos delincuentes para ver si coinciden con el de otros casos que están por resolver.
A su paso por tierras gallegas, dejaron huella en zapaterías, restaurantes, cajeros automáticos y hasta en polígonos industriales. María Tablado, víctima del atraco en al zapatería, no se olvida de su cara. «Me dio con una pistola y me tiró al suelo para llevarse 200 euros. Era muy alto y delgado», explicó el día que empezó la búsqueda. No le hacían ascos a ningún delito. Y eso que en su perfil de Facebook colgó hace algún tiempo, no sin cierta ironía, «dime en qué época nos ha tocado vivir si no estamos seguros ni dentro de nuestras casas. Cómo le digo a mi hijo que vaya sin miedo por la vida».