El paraíso se llama Quintáns

La solidaridad vecinal salva a una familia que llegó a dormir en el coche


redacción / la voz

En Quintáns, una aldea del concello pontevedrés de Agolada, había una casa vacía desde hacía más de un decenio. Dicen que en Galicia hay en torno a unas 250.000. No tenía agua corriente, ni baño, los servicios propios de esta época. El paso del tiempo y la soledad habían ido desconchando las paredes hasta que hace unos meses tres corazones volvieron a latir dentro de sus muros. Ahora hay además perros que ladran en la huerta, un faisán dorado que revolotea por el corral y varios periquitos de colores. Porque esa vivienda vacía se ha convertido en un hogar. Ha vuelto a serlo desde que Sara y José Antonio llegaron con su hijo.

Vivían con los padres de él en un pueblo de un concello cercano, pero un día tuvieron que coger cuatro cosas e irse de casa. Acabaron durmiendo en el coche. Miraban al cielo desde la ventanilla y pensaban que su futuro solo podía ser ya como el color de la noche. Pero hasta en la más absoluta oscuridad, de repente, aparece una estrella o incluso la Luna para iluminar el camino. Fue lo que les pasó.

Porque ahora, por fin, tienen un techo al que poco a poco han ido incorporando esos servicios fundamentales de los que carecía. La suya es una historia optimista en unos tiempos turbulentos, una historia a la que ha contribuido la solidaridad vecinal.

Un conocido del pueblo en el que vivían antes fue el que les ha prestado la casa. Incluso les ha instalado la traída para que tengan agua corriente. Y hasta el alcalde de Agolada, el popular Ramiro Varela, con la paga extra de Navidad, les ha construido un baño con una fosa séptica y les ha puesto calentador. «Non había baño, aínda que a vivenda estaba habitable. Entón cos cartos correspondentes á extra de Nadal colocouse o baño. A idea era empezar a mediados de decembro e telo listo para Noiteboa, pero ao final quedaban unhas cousas por rematar e tiveron que agardar ata Fin de Ano», explica ahora el regidor.

Vida nueva

Es viernes por la tarde. José Antonio acaba de salir de trabajar. Estaba en el paro, pero ahora cuando hay faena lo llaman de una compañía de Lalín en la que ya había estado antes. Están en casa por los pelos porque iban a salir a dar un paseo. Se les ve bien. Hace buen día. Y mientras ellos muestran los animales que están criando -hasta tienen encargado un cerdo-, su hijo corretea alrededor de la casa, pistola de dardos de goma en mano. «Gustáballe e dixen "voulla comprar". É das baratas, pero a disfruta moito igual», explica el padre.

Y Sara se enternece. «A verdade é que é case imposible que nos puideran tratar mellor», dice esta mujer que se deshace en elogios hacia el dueño de la casa, el alcalde, las trabajadoras de los servicios sociales del Concello... En realidad hacia todo el pueblo. «O dono da vivenda, ao que estamos totalmente agradecidos, non nos cobra nada e iso nos fai estar moi tranquilos. Pero o que máis nos chocou é que a xente volcouse con nós», cuenta Sara, que aunque no es mayor tiene que ir al médico periódicamente porque ha de tomar sintrom (un anticoagulante que recetan a las personas con problemas circulatorios).

Cuando llegaron a la aldea no hubo nadie que no supiera que en Quintáns había vecinos nuevos. El censo de Agolada no es muy amplio. Unos 2.773 vecinos, dice el padrón. La mayoría, al menos los que viven en su entorno cercano, han colaborado de una manera u otra con la familia. Les han dado leña, patatas... «Incluso a dona da tenda de alí arriba comentoulle a un home que había unha familia que non estaba moi ben e mercounos alimentos no supermercado», recuerda la pareja. Y también los servicios sociales del Concello les llevan de vez en cuando víveres del banco de alimentos.

Un mensaje

Ahora, echando la vista atrás, Sara recuerda lo mal que lo llegó a pasar. «Non vía saída ningunha, pero a xente axudounos. Non nos coñecían de nada, pero estiveron todos aí», repite una y otra vez.

Además, quiere lanzar un pequeño deseo: «Vímolo negro, moi negro. Acabamos dous días durmindo no coche. Agardo que todos os que o pasen mal cheguen a atopar un home tan bo como atopamos nós, que nos deixou a casa. A verdade é que todo isto é moito. Realmente foi unha pasada».

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