La conclusión de los datos del mes de septiembre de los aeropuertos gallegos es clara: la sangría continúa y muy por encima de la media de la red general de Aena. No hemos sido capaces de diagnosticar adecuadamente la enfermedad de nuestro sistema aeroportuario y, aunque hemos visto cómo durante el verano el descenso de pasajeros se atenuaba en relación a los primeros meses del año, la realidad es que los indicios apuntan que lo peor está por venir.
Varias son las razones. La primera es la alta dependencia de nuestro sistema de los vuelos nacionales que en este momento (programación de invierno y verano próximo) descienden mas de un 10 % en toda la red española dado que las compañías aéreas están buscando fuera del mercado doméstico debido a su débil coyuntura. La segunda es la falta de complementariedad entre los tres aeropuertos, lo que se traduce en frecuencias, horarios y precios poco adecuados en algunos de los destinos existentes, con lo que muchos pasajeros optan por Oporto. La tercera (se notará más en los próximos meses) es la subida de tasas que Aena ha aplicado y que se traduce en reducción de frecuencias y rutas e incremento de precios en los billetes. La cuarta es que las personas y empresas están ya al límite de su disponibilidad y ello hace que se busquen alternativas al avión (desde el tren al uso masivo de tecnologías como Skype y similares), que conlleva una drástica reducción de los viajes de ocio o negocio en avión en el mercado doméstico.