Los ourensanos encajan como pueden los sobresaltos de esta semana
30 sep 2012 . Actualizado a las 17:40 h.Aunque a simple vista no lo parezca, estamos en una ciudad que no tiene alcalde, detenido y dimitido por ese orden. Ahora tiene alcaldesa, un gobierno en notoria minoría, el jefe de la policía local en libertad bajo fianza y una semana en la mochila en la que la agitación política y judicial ha sido máxima. ¿Cómo lo viven sus ciudadanos?
-Perdone pero yo no le voy a dar bola. Dicen los gitanos que si se quiere vender la burra no se puede hablar mal de ella.
El taxista, con su irrebatible argumento, es el único que se negará en todo el día a hacer algún comentario sobre el impacto de la operación Pokémon que, de momento, ha desbaratado por completo el gobierno municipal. Antes, un sindicalista, bandera al hombro y camino de una manifestación ante la Delegación del Gobierno, opina: «Non é bo para a cidadanía, porque con estas cousas se desvía a atención do que realmente importa». No muy lejos de allí, dentro del parque de San Lázaro, un señor de 55 años lee con avidez un periódico: «Esto es un escándalo, una vergüenza. Aquí hay una segunda trama por detrás».
-Así que ve al alcalde inocente...
-Lo veo, lo veo... No sé si inocente, porque hoy en día no se puede poner la mano en el fuego por nadie, pero yo creo que sale ahora porque hay elecciones. A esa trama me refiero.
-Y eso del Rolex no se lo cree.
-Mire, de eso siempre hubo. Si a usted le hacen un favor, intenta devolverlo, ¿no? Aquí había un buen gobierno y un buen alcalde.
El señor opina que todo este lío de la Pokémon se reflejará en las elecciones: «Porque habrá mucha más abstención. Mucha gente no votará». No soy capaz de confirmar su predicción. Casi todo aquel al que pregunto asegura que sí votará y solo uno afirma que el escándalo le está haciendo cambiar la opción que ya había pensado.
Camino del Concello entrevisto a dos parejas jóvenes con hijos: «Ocurrió aquí, pero pudo ocurrir en cualquier otra parte. Son todos unos corruptos», opina Dani, de 33 años. «Si lo hicieron, que lo paguen. Lo que no entiendo es como tardó tanto el alcalde en dimitir. No se puede estar gobernando con ese lastre», replica su esposa. La otra pareja es la primera que admite haber sentido vergüenza de ver cada día al Concello en el Telediario: «Tenemos unos amigos de Canarias que han guardado los periódicos para llevárselos».
Un poco más adelante, tres jubilados discuten a la puerta de un bar. Pego la oreja y, efectivamente, le están dando al tema: «Yo creo que al alcalde lo han pillado de pardillo», opina uno. Y el otro saca a relucir a unos cuantos políticos de otro partido y a todo aquel pez gordo de Ourense que alguna vez se vio salpicado por denuncias o procesos.
A estas alturas, hay pocas coincidencias en el parecer de los entrevistados. Lo más común es la intuición de que la operación judicial tiene una intencionalidad política y de que el alcalde no mereció el trato que le dieron. A la mayoría no le ha gustado tanto protagonismo de la ciudad. Pero tampoco les gusta la marcha que cogió la ORA desde que la privatizaron: «Se nota que los vigilantes andan mucho más vivos. En cuanto te pasas, te denuncian».