Banco bueno, banco malo


Cuando Europa fuerza a los Estados a asumir los costes de la debacle financiera en un banco malo, casi no nos enteramos de que una minoría de bloqueo está impidiendo aplicar acuerdos para seguir financiando los bancos (buenos) de alimentos. Bancos de alimentos que intentan paliar (con trabajo voluntario) los efectos de la crisis: pobreza y exclusión social crecientes. Desde 1987 estos bancos contaban con los alimentos de un programa que se nutría de los excedentes derivados de la política agraria europea. Como quiera que esta política está consiguiendo (con cuotas, cupos y multas) reducir esos excedentes, el programa de ayuda ha caído de los 500 a los 113 millones de euros. Y como los países de bloqueo sostienen que los alimentos no se pueden comprar fuera de la UE, nuestros bancos (buenos) se resienten. Los países que vetan la transformación de una ayuda antes basada en excedentes a otra ahora basada en la cohesión y la seguridad alimentaria de los ciudadanos de la UE actúan con un enfoque de caridad, cuando de lo que se trata es de un asunto de protección social y seguridad alimentaria. Porque no llega con donar los alimentos sobrantes. Se trata de garantizar entre todos una digna asistencia social.

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