Cientos de jóvenes beben en la calle en A Coruña pese al estreno de la videovigilancia
02 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Primera noche de julio en A Coruña, ligera brisa y unos 20 grados. Cientos de chavales se dirigen hacia los jardines de Méndez Núñez, un florido y céntrico parque que hace las veces de botellódromo durante las noches de fin de semana. Algunos de los jóvenes no se han enterado de que el Ayuntamiento ha instalado cinco cámaras para poner remedio a las peleas y a los destrozos producidos en la zona. Cuando se les comenta a los jóvenes que están siendo vigilados, la primera reacción es a la defensiva. «Están violando nuestra intimidad», protesta Natalia, de 21 años, mientras se lía un porro. «No quiero que una cámara me apunte mientras estoy meando por ahí», se queja Pablo, de 20 años, mientras señala a unos arbustos cercanos.
«Si evitan problemas, vale»
Pero si se matiza que el propósito de la vigilancia es poner freno a peleas y destrozos, las opiniones se moderan. «Si evitan problemas, vale», afirma Rubén, de 19 años. «Es una pena que destrocen los árboles y el reloj; si graban, los vándalos se van a cortar un poco más», dice Alberto, de 24 años.
En líneas generales, no parece que las cámaras hayan intimidado a los asistentes, aunque se nota una asistencia ligeramente menor, quizá por el temor a la lluvia caída la noche anterior. A cada minuto y a cada trago, los decibelios aumentan y se multiplican las exaltaciones de amistad. La noche avanza sin incidentes, aparte de algún pique que no pasa a mayores. Los chavales migran poco a poco hacia la zona de bares. Casi todos dejan atrás las bolsas, los vasos y las botellas.
Es el turno para algunos vagabundos, que aprovechan el poco alcohol que queda en la zona. Parece que la videovigilancia no ha servido de mucho. Mañana, el servicio de limpieza municipal tendrá que arreglar lo que produce la juventud cuando se divierte. Y todos los coruñeses tendrán que seguir viéndolo. Con o sin cámaras.