En el primer año de su cuarto mandato Lores se ha librado de su mayor enemigo y de proyectos polémicos
18 may 2012 . Actualizado a las 06:00 h.Miguel Anxo Fernández Lores (BNG) se presentaba hace un año a su tercera reelección como alcalde de Pontevedra con un lema, «Con rumbo certo», con el que pretendía poner su gestión en los doce años anteriores como aval frente a la tormenta desatada por la crisis económica. Logrado con creces el objetivo de un cuarto mandato -Lores pasó de 7 a 11 concejales y cerró una vez más el paso al PP de Telmo Martín, aunque tuvo que reeditar el pacto con el PSOE-, en su toma de posesión ya advirtió de que se aventuraba un mandato complicado, que la situación financiera en general obligaría a «empezar de novo». Lores utilizó una expresión, «reinventar a xestión», que dejaba claras sus intenciones: «Temos que ser conscientes da situación e iso implica que haxa recortes, reducións e nalgúns casos ata un reseteo na xestión -explicaba en una entrevista con La Voz-. Haberá que priorizar, que reducir o máximo posible para garantir a posibilidade de que se poidan seguir facendo cousas, de que non teñamos que atoparnos apertados á metade ou á final do mandato».
Dicho y hecho. Mantener el «rumbo certo» con el que Lores había triunfado por cuarta vez en las urnas obligó a tomar decisiones urgentes. A soltar lastre, en definitiva. Antes incluso de firmar el pacto de gobierno con el PSOE, se analizó punto a punto el gasto corriente municipal para conseguir un recorte que se cifró en algo más de 1,5 millones de euros anuales.
Además, el gobierno local adoptó decisiones drásticas: suspender proyectos en marcha, como la construcción de una nueva perrera o de un museo en el centro histórico -muy polémicos en su día-, y aplazar o «repensar» otros, como diversas obras de reforma urbana o la mejora del entorno del santuario de A Peregrina.
A partir de ahí, se comenzó a trabajar en el nuevo mandato, que en este primer año ha estado marcado por dos renuncias. La primera, la del que fue candidato del PP en las elecciones del 2007 y del 2011, Telmo Martín. La trascendencia mediática del personaje, la crispación que provocó su paso por la política municipal pontevedresa y el estar en casi permanente estado de sospecha por sus negocios privados en relación con su actividad política, hicieron de la renuncia de Martín una de las grandes noticias de este primer año de mandato municipal.
Pero como a fin de cuentas nadie es insustituible, la segunda renuncia tiene más trascendencia de cara al futuro del municipio: el gobierno local anunció en febrero que aparcaba la tramitación de un nuevo plan de urbanismo, en el que se llevaba trabajando más de siete años. Se achacaba esta renuncia a la falta de cintura de la Xunta, pero la tramitación del PXOM se ha convertido en el mayor fracaso de la gestión del gobierno de Lores, posiblemente desde que accedió a la alcaldía en 1999. Se vendió desde el Concello como una responsabilidad de la Xunta, que puso un listón insalvable para dar luz verde al documento, pero lo cierto es que desde que Pontevedra tramita su PXOM han pasado tres Gobiernos autonómicos, de diferentes colores, y la ciudad del Lérez no ha sido capaz de hacer sus deberes.
Los encontronazos con el Ejecutivo gallego están siendo otra de las tónicas habituales en lo que va de mandato, a pesar de que el alcalde se proponía «reconducir as relacións». No lo ha logrado, a tenor de la constante discusión entre el Concello y la Xunta.
El episodio del puente de As Correntes, con el conselleiro de Medio Ambiente anunciando en el Parlamento que no puede pagar un millón de euros por haber caducado el convenio firmado en su día, es el último en una larga lista que promete no haberse cerrado aún.
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